Cada uno de nosotros –como he dicho en alguna otra ocasión- es único e irrepetible. Por eso, cada uno sigue su propio camino, único e irrepetible también. Por eso, y en mi opinión, cada uno tiene una manera y un ritmo propios para salir del (de su) malestar.
He conocido muchas formas de presentarse el malestar en las personas. Las hay que necesitan llegar a colapsarse o bloquearse emocionalmente para poder empezar a reaccionar. Otras no se dan cuenta de su situación hasta que no se hallan sumidas en una profunda tristeza y desazón. Y otras, cuando pierden totalmente el control y sufren un ataque de nervios, eso las obliga a hacer borrón y cuenta nueva y a empezar de cero. La mayoría de las personas que he conocido, sin embargo, no han llegado a esos puntos de saturación y van pasando como pueden por encima de las dificultades diarias. Pero en casi todos los casos suele haber en ellas un descontento básico sobre lo que están haciendo con sus vidas.
Digo todo esto para poder referirme al “Poco a poco” con el que encabezo esta entrada de hoy. Y es que, para salir de las situaciones que he descrito o similares, la primera regla de oro para mí es ésa: ir poco a poco (como suele decir a menudo una amiga mía). A veces necesitamos más de media vida para darnos cuenta de que no estamos llevando la vida que realmente necesitamos, así es que no creo que suceda nada si nos tomamos algo de tiempo para analizar qué nos pasa y para examinar las alternativas que se nos presentan. Cada persona tiene su ritmo. Unos vamos como tortugas y otros van como caballos –como decíamos el otro día- y cada uno tiene que ir a su ritmo, sin impacientarse, porque lo que nos jugamos es poder llegar a un punto de nuestra forma de estar en el mundo en el cual nos encontremos cómodos y suficientemente serenos, a pesar de los embates de la vida. Tan cómodos como para poder empezar a cambiar las cosas que no nos van bien (por dentro pero también por fuera).
A veces, cuando se empieza a salir de la situación de bloqueo, depresión o ataque de nervios, uno quisiera recuperar rápidamente “el tiempo perdido”, pero no es así como es aconsejable actuar, porque se corre el peligro de llegar a sufrir el llamado “efecto rebote”. Uno ha de ir consolidando gradualmente lo que vaya consiguiendo. La claridad tiene una cualidad y es que se filtra como la luz del sol por cualquier rendija, en nuestro caso por cualquier rendija que aparezca entre las rigideces de nuestro estado emocional habitual y de nuestro carácter. Es como un goteo. No se sabe cómo se produce, pero es un hecho que todos los que lo hemos experimentado hemos comprobado que se produce. Cada día un poco más. Cada día un poco mejor. Sin prisas.
En la generalidad de los casos, es decir, cuando no se produce el bloqueo o colapso, la tristeza en grado sumo o el descontrol nervioso, lo más difícil es darse cuenta de que a uno le está pasando algo. Normalmente solemos responder “a mí no me pasa nada” cuando nos preguntan si nos pasa algo. Es una forma muy corriente de no querer saber qué nos sucede. Una forma de tapar lo que nos ocurre. Y además, una forma muy mecánica de hacerlo: la que hemos aprendido en familia y en sociedad. Una forma reactiva de responder, sin nada de reflexión por el medio. Y, sin embargo, yo soy de los que piensan que a todo el mundo le pasa algo. Y que sería bueno que se pudiera conectar con lo que nos pasa, para, así, poderlo reconocer y evitar que se enquiste en las capas profundas del subconsciente y que pueda derivar hacia la aparición de un brote abrupto del malestar interno que quizás llegue a causar el caos en nuestras relaciones con los demás.
A lo que creo que debemos aspirar –según mi punto de vista- es a tener una paz básica en nuestro corazón o –dicho de otro modo- a tener un corazón básicamente en paz, porque sólo así, a mi modo de ver, podremos vivir la vida desplegándonos del todo, abriéndonos al mundo sin reservas y siendo receptivos hacia lo que nos venga. Cualquier cosa que nos haya de llegar, sería bueno que nos encontrara abiertos y receptivos; no resignados y pasivos, sino receptivos – que no es lo mismo- y, si pudiera ser, llenos de curiosidad hacia lo que se está produciendo. Cuanto más abiertos estemos, tantas más oportunidades tendremos de estar en paz y en armonía con el mundo que nos rodea y con nosotros mismos.
Suele oponerse a esta postura que, si estamos muy abiertos, pueden presentarse los peligros que nos cogerían desprevenidos. Esta es la posición del miedo, que es la más extendida en nuestro entorno cultural. Yo no estoy diciendo que nos hayamos de desproteger ante los peligros reales y objetivos, sino que frente a las cosas de la vida ordinaria no es adecuado ni proporcionado que estemos a la defensiva como si se tratara de fieras salvajes que nos vienen a atacar.
Por eso termino insistiendo en que para estar bien es fundamental huir del estrés, y conseguir una situación emocional de calma básica. Claro está que esa calma básica hay que conseguirla poco a poco; cada uno a su ritmo y cada uno a su manera.
Es tracta d'un espai comú, de naturalesa virtual, on cadascun dels lectors/participants pot reflexionar davant dels altres, des de la seva experiència personal, sobre com podem anar cap al benestar emocional i cap a la felicitat / Se trata de un espacio común, de naturaleza virtual, en donde cada uno de los lectores/participantes puede reflexionar ante los demás, desde su experiencia personal, sobre cómo podemos ir hacia el bienestar emocional y hacia la felicidad
jueves, 9 de septiembre de 2010
viernes, 3 de septiembre de 2010
DEPRISA, DEPRISA
En mi entrada anterior, me referí a la meditación, tal como la concebía la artista Miriam Subirana. Hoy también me referiré a ella (a la meditación) en la visión de un practicante de Yoga muy veterano. Pero si he titulado esta entrada “Deprisa, deprisa”, es porque tanto el Yoga como la meditación son, para mí, dos formas, entre otras, de hacer frente al estrés, que constituye a su vez una de las fuentes principales de malestar e incluso de algunas enfermedades de nuestros días.
Bajo mi punto de vista, cuando llenamos de compromisos, ocupaciones y actividades nuestras vidas, lo hacemos en muchos casos para no tener tiempo para pensar o para no pensar en nada que no sea nuestra agenda de compromisos. Es decir que muchas personas, hoy en día, practican el “deprisa, deprisa” para huir de algunas dificultades que tienen en su vida personal y familiar y que no saben cómo resolver. Pero eso no tiene nada que ver con que a unas personas les guste ir más rápidas y a otras más lentas. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Jordi Colomer: Si eres caballo, no seas tortuga. Y si eres tortuga, no seas caballo.
Por mucho que pretendamos huir, la realidad se impone, nuestras dificultades están ahí y no las podremos evitar permanentemente. Si, por ejemplo, hay alguna persona cuya forma de dirigirse a nosotros es agresiva y eso nos da pavor o nos crea mucha incomodidad, en algún momento vamos a tener que asumir, simplemente para generarnos a nosotros mismos nuestro propio bienestar, que hay que hacer frente a la situación, o sea, como se dice coloquialmente, que vamos a “tener que coger al toro por los cuernos”. Y eso, además, vamos a tener que hacerlo adecuadamente, esto es, sin entrar en el juego de acusaciones y persecuciones mutuas con esa persona.
Jordi Colomer habla de: aprender a crear una distancia entre yo, que soy el observador, y lo que ocurre. Yo lo interpreto –en su contexto- como no dejarse atrapar per las situaciones emocionales estresantes. Se trata –eso sí- de afrontarlas, pero no de entregarse a las emociones negativas (una bronca, por ejemplo) como lo haríamos a una emoción positiva como las que, por ejemplo, se generan en la entrega sexual de pareja. Esa es también la clave para mí. No hay que huir frente a los conflictos, pero tampoco hay que entregarse y rendirse a ellos.
Un último apunte. A mi entender, las personas que generan los conflictos a menudo son personas con problemas emocionales y eso hay que tenerlo en cuenta. Ahora bien, tenerlo en cuenta no quiere decir que tengamos que salvarlas, protegerlas o cubrirlas. Sencillamente, porque son adultas y son ellas las responsables de cambiar sus actitudes. Por otra parte, si les damos cobijo activo y entramos en el juego psicológico que nos plantean (víctima/salvador) vamos ayudarlas, sin querer, a que no cambien. Y, en última instancia, sus enfados, sus quejas, sus críticas, su agresividad, pueden llegar a contaminarnos y acabaremos practicando lo mismo que ella y sintiéndonos tan mal como se siente esa persona.
A continuación transcribo la entrevista a Jordi Colomer aparecida en la revista Natural Link
Jordi Colomer es profesor de Yoga y sostiene que las principales causas de estrés en Occidente son querer ser lo que no somos y hacer demasiadas cosas en una hora.
Lo hice por prescripción médica. Y al cabo de seis meses ya no tomaba pastillas, dormía bien, no fumaba y mi carácter había cambiado.
¿Cuál fue el detonante?
Un día estaba cursando una demanda y cogí la máquina de escribir y la tiré contra la pared.
¿Y?
Llegué a la conclusión de que mi vida no funcionaba. Dejé la abogacía y monté un centro de yoga.
¿Se puede estar tranquilo, aunque se sea una persona nerviosa?
Si eres caballo, no seas tortuga. Y si eres tortuga, no seas caballo.
El 90% de la gente es caballo y quiere ser tortuga, y viceversa. Tenemos que aprender cuál es nuestro ritmo. A una persona dinámica no le podemos pedir que vaya despacio, porque eso le creará un estrés enorme. Y al contrario. Y hay otro principio para no tener estrés.
¿Cuál?
No metas en una hora lo que no cabe. En cambio, la calle está llena de gente que hace lo contrario. Cada mañana me fijo en la gente de Barcelona. Veo a la gente en los bares, de pie, esperando para meterse el café rápidamente y salir pitando. En cambio, los electricistas y los albañiles, se sientan en la mesa y se toman su tiempo. Sacan su bocata y hablan tranquilamente. Pero los ejecutivos con hipoteca y coche de lujo no lo hacen. Están creando estrés. Y ¿qué pasará cuando lleguen a la oficina? ¿O cuando lleguen por la noche a su casa? Así no se puede vivir. Admiro a los que se sientan en el bar con su bocata.
¿Hace 35 años, como profesor de yoga, lo miraban raro?
Sí. Me preguntaban si hacía judo.
Ahora está de moda.
Ahora el yoga está distorsionado. El yoga tiene unas bases muy bien fijadas, y lo que se entiende ahora por yoga son una serie de ejercicios di- námicos. La postura de yoga surte efecto si se puede mantener un mí- nimo de tres minutos con comodidad. Y la comodidad se obtiene a través de la práctica. Cuando el yoga se aparta de la inmovilidad, desaparece, y entonces estamos ante una sesión de estiramientos. Además, Occidente ha investigado quizá más el yoga que el propio Oriente, pero lo ha convertido en una terapia, cuando no lo es.
¿Qué es?
Una serie de prácticas que llevan a la evolución del ser, y también previenen enfermedades, pero no las curan. Permiten vivir mejor.
¿Qué es vivir mejor?
No acumular tensiones. Aprender a crear una distancia entre yo, que soy el observador, y lo que ocurre.
Llamémosle meditación.
Una técnica muy importante es la meditación Vipasana, que enseña a mantener el equilibrio entre el observador y lo que está ocurriendo. Si logras este equilibrio, no acumulas tensiones. Si me digo: "Ahora estoy en este estado o en este problema y voy a entregarme totalmente", entonces acumularé tensiones. Después hay métodos para eliminarlas pero, de momento, se acumulan.
¿Se considera un sabio?
En absoluto. Cada día aprendo a crear distancia con lo que ocurre. Y lo que sé es darme cuenta de que he fallado, pero sin tener sentido de culpabilidad, porque no sirve de nada. Si he fallado, quiere decir que he acumulado estrés y que tengo que eliminarlo.
Pero ¿esta distancia no nos hace vivir la vida menos intensamente?
No. Si quieres compenetrarte con una situación y sufrir, allá tú; eres libre. Pero si aquello no te hace sufrir, como una relación sexual, pues entrégate, vívela intensamente.
¿Cómo reacciona si le insultan?
Si me llaman narizotas, pues acepto lo que me dicen. Es su visión. Otra persona dirá otra cosa distinta y también será su visión. No vale la pena preocuparse por las opiniones de los demás, porque no van a cambiar. Lo decía Buda: la discusión no sirve de nada, porque cada uno se mantiene en sus principios.
Nuestra sociedad lo quiere todo muy deprisa. ¿Se puede aprender yoga deprisa?
Si te propones cambiar, vas a crear tensión. Primero hay que aceptar que estás mal y practicar; no cambiar, sino practicar. Con una práctica diaria en casa, en seis meses la persona tiene un cambio muy fuerte. Pero quisiera aclarar que las asanas y el pranayama te cambian físicamente. Si quieres cambiar mentalmente, tienes que meditar.
¿Qué tipo de meditación?
El cambio más potente es a través de la meditación Vipasana y el yoga Nidra. Las más válidas para vivir en Occidente.
Domingo, 06 Junio 2010
© 2010 - Natural Link
Bajo mi punto de vista, cuando llenamos de compromisos, ocupaciones y actividades nuestras vidas, lo hacemos en muchos casos para no tener tiempo para pensar o para no pensar en nada que no sea nuestra agenda de compromisos. Es decir que muchas personas, hoy en día, practican el “deprisa, deprisa” para huir de algunas dificultades que tienen en su vida personal y familiar y que no saben cómo resolver. Pero eso no tiene nada que ver con que a unas personas les guste ir más rápidas y a otras más lentas. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Jordi Colomer: Si eres caballo, no seas tortuga. Y si eres tortuga, no seas caballo.
Por mucho que pretendamos huir, la realidad se impone, nuestras dificultades están ahí y no las podremos evitar permanentemente. Si, por ejemplo, hay alguna persona cuya forma de dirigirse a nosotros es agresiva y eso nos da pavor o nos crea mucha incomodidad, en algún momento vamos a tener que asumir, simplemente para generarnos a nosotros mismos nuestro propio bienestar, que hay que hacer frente a la situación, o sea, como se dice coloquialmente, que vamos a “tener que coger al toro por los cuernos”. Y eso, además, vamos a tener que hacerlo adecuadamente, esto es, sin entrar en el juego de acusaciones y persecuciones mutuas con esa persona.
Jordi Colomer habla de: aprender a crear una distancia entre yo, que soy el observador, y lo que ocurre. Yo lo interpreto –en su contexto- como no dejarse atrapar per las situaciones emocionales estresantes. Se trata –eso sí- de afrontarlas, pero no de entregarse a las emociones negativas (una bronca, por ejemplo) como lo haríamos a una emoción positiva como las que, por ejemplo, se generan en la entrega sexual de pareja. Esa es también la clave para mí. No hay que huir frente a los conflictos, pero tampoco hay que entregarse y rendirse a ellos.
Un último apunte. A mi entender, las personas que generan los conflictos a menudo son personas con problemas emocionales y eso hay que tenerlo en cuenta. Ahora bien, tenerlo en cuenta no quiere decir que tengamos que salvarlas, protegerlas o cubrirlas. Sencillamente, porque son adultas y son ellas las responsables de cambiar sus actitudes. Por otra parte, si les damos cobijo activo y entramos en el juego psicológico que nos plantean (víctima/salvador) vamos ayudarlas, sin querer, a que no cambien. Y, en última instancia, sus enfados, sus quejas, sus críticas, su agresividad, pueden llegar a contaminarnos y acabaremos practicando lo mismo que ella y sintiéndonos tan mal como se siente esa persona.
A continuación transcribo la entrevista a Jordi Colomer aparecida en la revista Natural Link
Jordi Colomer es profesor de Yoga y sostiene que las principales causas de estrés en Occidente son querer ser lo que no somos y hacer demasiadas cosas en una hora.
Lo hice por prescripción médica. Y al cabo de seis meses ya no tomaba pastillas, dormía bien, no fumaba y mi carácter había cambiado.
¿Cuál fue el detonante?
Un día estaba cursando una demanda y cogí la máquina de escribir y la tiré contra la pared.
¿Y?
Llegué a la conclusión de que mi vida no funcionaba. Dejé la abogacía y monté un centro de yoga.
¿Se puede estar tranquilo, aunque se sea una persona nerviosa?
Si eres caballo, no seas tortuga. Y si eres tortuga, no seas caballo.
El 90% de la gente es caballo y quiere ser tortuga, y viceversa. Tenemos que aprender cuál es nuestro ritmo. A una persona dinámica no le podemos pedir que vaya despacio, porque eso le creará un estrés enorme. Y al contrario. Y hay otro principio para no tener estrés.
¿Cuál?
No metas en una hora lo que no cabe. En cambio, la calle está llena de gente que hace lo contrario. Cada mañana me fijo en la gente de Barcelona. Veo a la gente en los bares, de pie, esperando para meterse el café rápidamente y salir pitando. En cambio, los electricistas y los albañiles, se sientan en la mesa y se toman su tiempo. Sacan su bocata y hablan tranquilamente. Pero los ejecutivos con hipoteca y coche de lujo no lo hacen. Están creando estrés. Y ¿qué pasará cuando lleguen a la oficina? ¿O cuando lleguen por la noche a su casa? Así no se puede vivir. Admiro a los que se sientan en el bar con su bocata.
¿Hace 35 años, como profesor de yoga, lo miraban raro?
Sí. Me preguntaban si hacía judo.
Ahora está de moda.
Ahora el yoga está distorsionado. El yoga tiene unas bases muy bien fijadas, y lo que se entiende ahora por yoga son una serie de ejercicios di- námicos. La postura de yoga surte efecto si se puede mantener un mí- nimo de tres minutos con comodidad. Y la comodidad se obtiene a través de la práctica. Cuando el yoga se aparta de la inmovilidad, desaparece, y entonces estamos ante una sesión de estiramientos. Además, Occidente ha investigado quizá más el yoga que el propio Oriente, pero lo ha convertido en una terapia, cuando no lo es.
¿Qué es?
Una serie de prácticas que llevan a la evolución del ser, y también previenen enfermedades, pero no las curan. Permiten vivir mejor.
¿Qué es vivir mejor?
No acumular tensiones. Aprender a crear una distancia entre yo, que soy el observador, y lo que ocurre.
Llamémosle meditación.
Una técnica muy importante es la meditación Vipasana, que enseña a mantener el equilibrio entre el observador y lo que está ocurriendo. Si logras este equilibrio, no acumulas tensiones. Si me digo: "Ahora estoy en este estado o en este problema y voy a entregarme totalmente", entonces acumularé tensiones. Después hay métodos para eliminarlas pero, de momento, se acumulan.
¿Se considera un sabio?
En absoluto. Cada día aprendo a crear distancia con lo que ocurre. Y lo que sé es darme cuenta de que he fallado, pero sin tener sentido de culpabilidad, porque no sirve de nada. Si he fallado, quiere decir que he acumulado estrés y que tengo que eliminarlo.
Pero ¿esta distancia no nos hace vivir la vida menos intensamente?
No. Si quieres compenetrarte con una situación y sufrir, allá tú; eres libre. Pero si aquello no te hace sufrir, como una relación sexual, pues entrégate, vívela intensamente.
¿Cómo reacciona si le insultan?
Si me llaman narizotas, pues acepto lo que me dicen. Es su visión. Otra persona dirá otra cosa distinta y también será su visión. No vale la pena preocuparse por las opiniones de los demás, porque no van a cambiar. Lo decía Buda: la discusión no sirve de nada, porque cada uno se mantiene en sus principios.
Nuestra sociedad lo quiere todo muy deprisa. ¿Se puede aprender yoga deprisa?
Si te propones cambiar, vas a crear tensión. Primero hay que aceptar que estás mal y practicar; no cambiar, sino practicar. Con una práctica diaria en casa, en seis meses la persona tiene un cambio muy fuerte. Pero quisiera aclarar que las asanas y el pranayama te cambian físicamente. Si quieres cambiar mentalmente, tienes que meditar.
¿Qué tipo de meditación?
El cambio más potente es a través de la meditación Vipasana y el yoga Nidra. Las más válidas para vivir en Occidente.
Domingo, 06 Junio 2010
© 2010 - Natural Link
sábado, 28 de agosto de 2010
MUJERES Y HOMBRES
En nuestro mundo, es decir, en los paises económicamente desarrollados, la relación entre mujeres y hombres està cambiando desde hace muchas décadas. La forma tradicional, basada en atribuir roles rígidos y diferenciados a cada sexo, está dando paso a relaciones más abiertas e intercambiables entre mujeres y hombres, de manera que los llamados roles ya no son atribuibles, en muchos casos, a uno u otro sexo en exclusiva. Este es el asunto que quería tratar hoy, si bien -como suele ser habitual en este blog- haciéndolo sobre todo desde el punto de vista emocional. A ese fin, transcribo una entrevista de La Vanguuardia a Miriam Subirana, una mujer muy conocida en los medios de comunicación. Escritora, pintora y practicante de meditación desde hace muchos años, dice en esta entrevista cosas muy interesantes, bajo mi punto de vista, que pueden ser ciertamente útiles para los lectores del blog. Quiero destacar algunas de ellas:
"Nos falta inteligencia emocional y espiritual, estamos muy desconectados de nuestro centro, vamos a la búsqueda del otro desde nuestras necesidades y nuestras carencias, y no desde la capacidad de ofrecerse y de compartir".
"No nos han enseñado a amar desde la creatividad y la abundancia, sino que siempre nos han dicho que el otro satisfará nuestros deseos, y esto no existe".
"Tenemos miedos porque nos hace falta autoestima, porque no sabemos amarnos lo suficiente y entonces tenemos miedo a ser rechazados, a no ser queridos, al fracaso"
"la autoestima conlleva la capacidad de querer al otro cuando te quieres a ti mismo".
"si no me quiero y me respeto a mi mismo no sabré respetar a los demás y no los sabré amar".
"Si el otro no actúa como a mi me gustaría que actuase y reacciono sin aceptación y con frustración o culpa, es señal de que tengo una clara dependencia emocional con la otra persona."
En otra ocasión, quizás, daré mi punto de vista sobre otros aspectos de los que se incluyen en la entrevista. De momento, la transcribo literalmente y me despido hasta la próxima oportunidad.
"Miriam Subirana descubrió la meditación y el yoga con tan sólo 16 años y durante la década de los 70 realizó de forma pionera algunos de los primeres talleres relacionados con el arte de saber desconectar del mundo que nos rodea. Para ella la meditación es una herramienta clave para afrontar la situación actual que ella describe como la de una sociedad enferma de dependencias. Es por ello que Subirana ha dedicado su último libro, 'Cómplices', a analizar el actual desencuentro que existe entre hombres y mujeres y en donde propone soluciones que pasan por recuperar el poder interior sin necesidad de imponer o de forzar al otro. Según la autora, que también se dedica desde hace años al arte espiritual, todos necesitamos de una transformación integral para que sea posible la armonía en libertad y aprender a amarnos sin dañarnos.
-Ha utilizado para titular su nuevo libro una palabra, Cómplices, que es muy fácil de escribir, pero difícil de llevarla a la práctica. ¿Es lo más buscado ahora mismo en cualquier relación humana?
-Creo que vamos hacia la búsqueda de la complicidad, quizás no es lo que más se está buscando, pero de momento, si que es cierto que todas las personas que han leído el libro me han comentado que es lo que quieren para ellos. Quizás hasta el momento no le habían puesto una palabra, pero en el fondo es lo que cualquier persona busca, tener cómplices en su vida porque es algo que les da apoyo, sentido de pertenencia, seguridad interior, y sobre todo, les da sentido a su vida.
-Si todos somos humanos, ¿por qué cree que nos cuesta tanto encontrar a esa persona que sea cómplice de nuestros miedos, alegrías, en definitiva, de nuestros sentimientos?
-Cuesta porque nos falta inteligencia emocional y espiritual, estamos muy desconectados de nuestro centro, vamos a la búsqueda del otro desde nuestras necesidades y nuestras carencias, y no desde la capacidad de ofrecerse y de compartir. También creo que tenemos un ego muy curtido y fuerte, y este ego choca y hace fricción. Tenemos muchas expectativas, y las expectativas nos llevan a la frustración, a la tristeza, al desengaño, al malestar…
-¿Qué entiende usted por inteligencia espiritual?
-La inteligencia espiritual es la capacidad de estar en contacto contigo mismo y ser tu mismo en medio de cualquier situación. Es la capacidad de estar en calma mientras a tu alrededor las cosas están cambiando y se mueve el mundo. Es la capacidad de desapego, de no implicarse tanto emocionalmente hasta el punto que te pierdas en la situación. Este desapego es una cualidad que nos ayuda a vivir en medio del caos sin hundirse o ahogarse en el propio caos.
-Nadie nos ha enseñado a cultivar esa inteligencia espiritual que tan bien describe…
-No, es cierto, no nos lo han enseñado. Nos han enseñado a amar y ser libres, a amar y a engancharnos y a tener miedos, preocupaciones y agobios. No nos han enseñado a amar desde la creatividad y la abundancia, sino que siempre nos han dicho que el otro satisfará nuestros deseos, y esto no existe.
-¿Cómo podemos conseguir este tipo de inteligencia que nadie nos ha enseñado?
-Siempre hay un momento en el que tu cuerpo hace clic y te das cuenta de que la necesitas. ¿Cómo cultivarla? Leyendo, estudiando, trabajándose a uno mismo, pero sobre todo, meditando. La meditación es lo que te ayuda a conectar con tu centro, con tu espacio interior…
-¿Cree que la sociedad actual donde todo es aquí y ahora está preparada para iniciarse en el arte de la meditación?
-No sé si estoy muy de acuerdo, creo que cada vez la meditación está entrando más en los diferentes espacios de la sociedad, incluso empresariales. Lo que pasa es que hay gente que le tiene miedo porque en algunos casos la meditación está conectada con rituales, religiones, creencias o dogmas. Yo hablo de una meditación sin dogmas, la palabra de origen latino de la meditación es "mederi", que es sanar, y sanar es volver a la armonía del ser.
-¿Cómo tiene que ser esta meditación que recomienda?
-Es una meditación que empieza con relajación, concentrándote en la respiración, estar en este momento, aquí y ahora, luego es una meditación en la que te concentras con los pensamientos y vas reduciendo el nivel de velocidad de los pensamientos para conectar con un espacio de paz interior. Es ir hacia el silencio. Esta es una práctica que incluye también la visualización y la capacidad de concentrar el pensamiento en un punto. La meditación nos ayuda a preparar el día, conectando con tu intención y tu fuerza e energía. Te ayuda a encontrar la calma en momentos de estrés que son difíciles. Significa coger un par de minutos y desconectar de lo que te rodea. También te ayuda a empaquetar el día, es decir, todo lo que no te quieras llevar para el siguiente día, lo sacas de dentro.
-¿Cada cuando hay que hacerla para que tenga efecto?
-Es bueno hacer una meditación a primera hora de la mañana, una durante el día para aprender este arte del desapego y tomar decisiones de forma más fría, y una meditación al final del día. La primera y la última son de unos diez minutos cada una, y la que hagas durante el día de cinco minutos. Con esto es suficiente. Muchas de las personas que han tenido éxito en la vida practican algún tipo de meditación. Incluso los deportistas practican la visualización, que es un preámbulo de la meditación…
-Y que ayuda a eliminar los pensamientos negativos…
-Exacto, te ayuda a eliminar la negatividad, todo aquello que no necesitas y que de alguna manera vas absorbiendo durante el día sin darte cuenta. Con la meditación ves que hay ciertos ruidos que molestan y que tienes que sacarte de encima.
-¿Por qué tenemos tantos miedos?
-Tenemos miedos porque nos hace falta autoestima, porque no sabemos amarnos lo suficiente y entonces tenemos miedo a ser rechazados, a no ser queridos, al fracaso…Consideramos que el éxito y la aceptación forma parte de que nos quieran, pero aunque te rechacen o no tengas éxito, si tienes autoestima, ya no te rechazarán y el éxito vendrá a buscarte porque la autoestima conlleva la capacidad de querer al otro cuando te quieres a ti mismo. También tenemos miedos porque no experimentamos la esencia del ser y nos quedamos atrapados en la personalidad, con el rol externo.
-Conclusión clara que lleva tiempo pregonando en sus conferencias y libros, para querer a alguien primero hay que aprender a quererse un mismo…
-Sí, esto es básico, si no me quiero y me respeto a mi mismo no sabré respetar a los demás y no los sabré amar.
-¿Hay algún perfil de persona que es más susceptible de tener este tipo de dependencias emocionales?
-Sí, porque hay personas que en su infancia han vivido situaciones muy desgarradoras, relaciones muy desarmonizadas con los padres y todo esto es como una carga que tienes que dejar ir porque sino lo vamos trasladando de generación en generación.
-¿Qué hay que entender por una dependencia emocional?
-Hay diferentes niveles, pero en el momento en el que estoy demasiado pendiente de la otra persona, qué hace, dónde va, cómo está, esto es una señal clara de dependencia emocional. Si el otro no actúa como a mi me gustaría que actuase y reacciono sin aceptación y con frustración o culpa, es señal de que tengo una clara dependencia emocional con la otra persona.
-¿Es paritario con hombres y mujeres?
-Sí, lo que pasa es que quizás la mujer lo manifiesta más y el hombre se lo traga más. Los hombres quizás tienen más dependencia a ser protectores, a tomar las decisiones finales, ser el que manda, el rey de la casa.
-Pero esto está cambiando, ¿o no?
-Sí, pero el hombre sigue teniendo cierta dependencia a ser el protector, sino no se siente viril.
-¿El hecho de que la mujer acceda cada vez más a cargos de responsabilidad y esté, poco a poco, equilibrando su rol con el del hombre ha generado nuevas y más dependencias emocionales?
-Sí porque la mujer ha desconectado de su ternura y feminidad para entrar en un mundo dominado por los hombres durando mucho tiempo. Y esto ha afectado al ego masculino en el sentido de que el hombre tiene que aprender a convivir con mujeres que tienen éxito en el mundo profesional y esto en algunos casos no es fácil.
-No tendría que ser así…
-No tendría que ser así pero es una falta de autoestima, es como si el hombre hubiera sido educado par ser más, para ser mejor en el sentido profesional.
-¿Cómo tiene que ser para usted una relación sentimental completa?
-Autoestima, aceptación total del otro en el proceso en el que está, no tener expectativas de que el otro tiene que satisfacer mis deseos, saber escuchar los sentimientos, no sólo las palabras. Y sobre todo las mujeres tenemos que escuchar a los hombres en su proceso de abrirse emocionalmente.
"Nos falta inteligencia emocional y espiritual, estamos muy desconectados de nuestro centro, vamos a la búsqueda del otro desde nuestras necesidades y nuestras carencias, y no desde la capacidad de ofrecerse y de compartir".
"No nos han enseñado a amar desde la creatividad y la abundancia, sino que siempre nos han dicho que el otro satisfará nuestros deseos, y esto no existe".
"Tenemos miedos porque nos hace falta autoestima, porque no sabemos amarnos lo suficiente y entonces tenemos miedo a ser rechazados, a no ser queridos, al fracaso"
"la autoestima conlleva la capacidad de querer al otro cuando te quieres a ti mismo".
"si no me quiero y me respeto a mi mismo no sabré respetar a los demás y no los sabré amar".
"Si el otro no actúa como a mi me gustaría que actuase y reacciono sin aceptación y con frustración o culpa, es señal de que tengo una clara dependencia emocional con la otra persona."
En otra ocasión, quizás, daré mi punto de vista sobre otros aspectos de los que se incluyen en la entrevista. De momento, la transcribo literalmente y me despido hasta la próxima oportunidad.
"Miriam Subirana descubrió la meditación y el yoga con tan sólo 16 años y durante la década de los 70 realizó de forma pionera algunos de los primeres talleres relacionados con el arte de saber desconectar del mundo que nos rodea. Para ella la meditación es una herramienta clave para afrontar la situación actual que ella describe como la de una sociedad enferma de dependencias. Es por ello que Subirana ha dedicado su último libro, 'Cómplices', a analizar el actual desencuentro que existe entre hombres y mujeres y en donde propone soluciones que pasan por recuperar el poder interior sin necesidad de imponer o de forzar al otro. Según la autora, que también se dedica desde hace años al arte espiritual, todos necesitamos de una transformación integral para que sea posible la armonía en libertad y aprender a amarnos sin dañarnos.
-Ha utilizado para titular su nuevo libro una palabra, Cómplices, que es muy fácil de escribir, pero difícil de llevarla a la práctica. ¿Es lo más buscado ahora mismo en cualquier relación humana?
-Creo que vamos hacia la búsqueda de la complicidad, quizás no es lo que más se está buscando, pero de momento, si que es cierto que todas las personas que han leído el libro me han comentado que es lo que quieren para ellos. Quizás hasta el momento no le habían puesto una palabra, pero en el fondo es lo que cualquier persona busca, tener cómplices en su vida porque es algo que les da apoyo, sentido de pertenencia, seguridad interior, y sobre todo, les da sentido a su vida.
-Si todos somos humanos, ¿por qué cree que nos cuesta tanto encontrar a esa persona que sea cómplice de nuestros miedos, alegrías, en definitiva, de nuestros sentimientos?
-Cuesta porque nos falta inteligencia emocional y espiritual, estamos muy desconectados de nuestro centro, vamos a la búsqueda del otro desde nuestras necesidades y nuestras carencias, y no desde la capacidad de ofrecerse y de compartir. También creo que tenemos un ego muy curtido y fuerte, y este ego choca y hace fricción. Tenemos muchas expectativas, y las expectativas nos llevan a la frustración, a la tristeza, al desengaño, al malestar…
-¿Qué entiende usted por inteligencia espiritual?
-La inteligencia espiritual es la capacidad de estar en contacto contigo mismo y ser tu mismo en medio de cualquier situación. Es la capacidad de estar en calma mientras a tu alrededor las cosas están cambiando y se mueve el mundo. Es la capacidad de desapego, de no implicarse tanto emocionalmente hasta el punto que te pierdas en la situación. Este desapego es una cualidad que nos ayuda a vivir en medio del caos sin hundirse o ahogarse en el propio caos.
-Nadie nos ha enseñado a cultivar esa inteligencia espiritual que tan bien describe…
-No, es cierto, no nos lo han enseñado. Nos han enseñado a amar y ser libres, a amar y a engancharnos y a tener miedos, preocupaciones y agobios. No nos han enseñado a amar desde la creatividad y la abundancia, sino que siempre nos han dicho que el otro satisfará nuestros deseos, y esto no existe.
-¿Cómo podemos conseguir este tipo de inteligencia que nadie nos ha enseñado?
-Siempre hay un momento en el que tu cuerpo hace clic y te das cuenta de que la necesitas. ¿Cómo cultivarla? Leyendo, estudiando, trabajándose a uno mismo, pero sobre todo, meditando. La meditación es lo que te ayuda a conectar con tu centro, con tu espacio interior…
-¿Cree que la sociedad actual donde todo es aquí y ahora está preparada para iniciarse en el arte de la meditación?
-No sé si estoy muy de acuerdo, creo que cada vez la meditación está entrando más en los diferentes espacios de la sociedad, incluso empresariales. Lo que pasa es que hay gente que le tiene miedo porque en algunos casos la meditación está conectada con rituales, religiones, creencias o dogmas. Yo hablo de una meditación sin dogmas, la palabra de origen latino de la meditación es "mederi", que es sanar, y sanar es volver a la armonía del ser.
-¿Cómo tiene que ser esta meditación que recomienda?
-Es una meditación que empieza con relajación, concentrándote en la respiración, estar en este momento, aquí y ahora, luego es una meditación en la que te concentras con los pensamientos y vas reduciendo el nivel de velocidad de los pensamientos para conectar con un espacio de paz interior. Es ir hacia el silencio. Esta es una práctica que incluye también la visualización y la capacidad de concentrar el pensamiento en un punto. La meditación nos ayuda a preparar el día, conectando con tu intención y tu fuerza e energía. Te ayuda a encontrar la calma en momentos de estrés que son difíciles. Significa coger un par de minutos y desconectar de lo que te rodea. También te ayuda a empaquetar el día, es decir, todo lo que no te quieras llevar para el siguiente día, lo sacas de dentro.
-¿Cada cuando hay que hacerla para que tenga efecto?
-Es bueno hacer una meditación a primera hora de la mañana, una durante el día para aprender este arte del desapego y tomar decisiones de forma más fría, y una meditación al final del día. La primera y la última son de unos diez minutos cada una, y la que hagas durante el día de cinco minutos. Con esto es suficiente. Muchas de las personas que han tenido éxito en la vida practican algún tipo de meditación. Incluso los deportistas practican la visualización, que es un preámbulo de la meditación…
-Y que ayuda a eliminar los pensamientos negativos…
-Exacto, te ayuda a eliminar la negatividad, todo aquello que no necesitas y que de alguna manera vas absorbiendo durante el día sin darte cuenta. Con la meditación ves que hay ciertos ruidos que molestan y que tienes que sacarte de encima.
-¿Por qué tenemos tantos miedos?
-Tenemos miedos porque nos hace falta autoestima, porque no sabemos amarnos lo suficiente y entonces tenemos miedo a ser rechazados, a no ser queridos, al fracaso…Consideramos que el éxito y la aceptación forma parte de que nos quieran, pero aunque te rechacen o no tengas éxito, si tienes autoestima, ya no te rechazarán y el éxito vendrá a buscarte porque la autoestima conlleva la capacidad de querer al otro cuando te quieres a ti mismo. También tenemos miedos porque no experimentamos la esencia del ser y nos quedamos atrapados en la personalidad, con el rol externo.
-Conclusión clara que lleva tiempo pregonando en sus conferencias y libros, para querer a alguien primero hay que aprender a quererse un mismo…
-Sí, esto es básico, si no me quiero y me respeto a mi mismo no sabré respetar a los demás y no los sabré amar.
-¿Hay algún perfil de persona que es más susceptible de tener este tipo de dependencias emocionales?
-Sí, porque hay personas que en su infancia han vivido situaciones muy desgarradoras, relaciones muy desarmonizadas con los padres y todo esto es como una carga que tienes que dejar ir porque sino lo vamos trasladando de generación en generación.
-¿Qué hay que entender por una dependencia emocional?
-Hay diferentes niveles, pero en el momento en el que estoy demasiado pendiente de la otra persona, qué hace, dónde va, cómo está, esto es una señal clara de dependencia emocional. Si el otro no actúa como a mi me gustaría que actuase y reacciono sin aceptación y con frustración o culpa, es señal de que tengo una clara dependencia emocional con la otra persona.
-¿Es paritario con hombres y mujeres?
-Sí, lo que pasa es que quizás la mujer lo manifiesta más y el hombre se lo traga más. Los hombres quizás tienen más dependencia a ser protectores, a tomar las decisiones finales, ser el que manda, el rey de la casa.
-Pero esto está cambiando, ¿o no?
-Sí, pero el hombre sigue teniendo cierta dependencia a ser el protector, sino no se siente viril.
-¿El hecho de que la mujer acceda cada vez más a cargos de responsabilidad y esté, poco a poco, equilibrando su rol con el del hombre ha generado nuevas y más dependencias emocionales?
-Sí porque la mujer ha desconectado de su ternura y feminidad para entrar en un mundo dominado por los hombres durando mucho tiempo. Y esto ha afectado al ego masculino en el sentido de que el hombre tiene que aprender a convivir con mujeres que tienen éxito en el mundo profesional y esto en algunos casos no es fácil.
-No tendría que ser así…
-No tendría que ser así pero es una falta de autoestima, es como si el hombre hubiera sido educado par ser más, para ser mejor en el sentido profesional.
-¿Cómo tiene que ser para usted una relación sentimental completa?
-Autoestima, aceptación total del otro en el proceso en el que está, no tener expectativas de que el otro tiene que satisfacer mis deseos, saber escuchar los sentimientos, no sólo las palabras. Y sobre todo las mujeres tenemos que escuchar a los hombres en su proceso de abrirse emocionalmente.
martes, 24 de agosto de 2010
POR QUÉ NOS CUESTA TANTO DECIR "NO"?
Reproduzco literalmente el artículo sobre este asunto publicado en Internet por: "VIAM. Psicologia on line"
Creo que vale la pena leerlo y reflexionar sobre ello.
¿POR QUÉ NOS CUESTA TRABAJO DECIR “NO”?
¿Alguna vez te has encontrado en una situación en la que aceptas hacer algo que en realidad no querías?
A todos nos ha pasado. Te invitan a una boda a la que no tienes ganas de asistir, pero dices “si, claro, ahí estaré”. Tu tía te regala un suéter con puntos morados para navidad y al preguntar si te gusta, dices: “¡me fascina!”. Tus compañeros del trabajo organizan una cena y aunque prefieres irte a descansar a tu casa, no sabes cómo negarte y terminas asistiendo.
Hay muchas razones por las cuales nos cuesta trabajo decir “no”. Por supuesto, depende de la situación, y de la persona. Hay situaciones en las que es prácticamente imposible decir “no”, como cuando tu jefe te “pide” que te quedes a una junta muy importante después de tu horario de trabajo. Existen otras en las que suele ser más fácil, como cuando llega a pedirnos dinero en la calle quien obligadamente te limpia el parabrisas del carro.
La dificultad para decir “no” es algo normal y adaptativo en cierta medida. Como en todas las conductas humanas, existen los extremos, y mientras más nos acercamos a uno u otro, comenzamos a tener problemas.
En el caso de saber decir “no”, en un extremo están las personas a las que prácticamente nunca les cuesta trabajo decirlo. Estas personas que de primera instancia pudieran parecer muy seguras de si mismas, suelen tener muy poca capacidad para empatizar con las necesidades de los demás y por lo mismo tienen fuertes problemas interpersonales.
En el otro extremo están aquellos a los que les es prácticamente imposible decir “no”, y viven su vida resolviendo las necesidades de otros anulándose a sí mismos y a sus propias necesidades y deseos.
El decir “no” es difícil cuando implica ir en contra de las expectativas o deseos de otro, es decir, cuando nos piden algo o esperan algo de nosotros, ya sea una reacción determinada, una opinión, una conducta, etc., o cuando otra persona manifiesta su deseo y depende de nosotros satisfacerlo.
Mencionamos anteriormente que esta dificultad para negarnos es, en cierta medida adaptativa, ya que efectivamente hay situaciones en que socialmente nos es más conveniente y funcional decir “si”, aunque en el fondo quisiéramos decir “no”.
El conflicto surge específicamente cuando se encuentran dos necesidades opuestas. Si alguien nos pide hacer algo que sí deseamos hacer, no hay conflicto alguno. Son dos necesidades que van en la misma dirección. Pero si nos piden hacer algo que nosotros no deseamos hacer, es cuando entramos en conflicto. Tenemos que decidir a qué necesidad darle prioridad, si a la mía, o a la del otro.
Algunos de los motivos más comunes que nos dificultan decir “no” son los siguientes:
- Por evitar un conflicto. Si sabemos que negarnos va a generar una situación problemática para nosotros, generalmente tendemos a ceder. Sobre todo si esa problemática nos es significativa, como en el caso del jefe y la junta de trabajo.
- Por no hacer sentir mal al otro. Lo que es mejor conocido como culpa. Muchas veces, sin darnos cuenta, nos imaginamos lo que el otro va a sentir si nos negamos. Por supuesto que nosotros solo lo imaginamos y no sabemos cómo lo va a tomar en realidad la otra persona, pero nos dejamos guiar por aquello que imaginamos que va a sentir, y si eso que imaginamos no resulta agradable, preferimos no hacerlo pasar por eso.
- Por miedo a no ser aceptado. Contrario a imaginarnos lo que va a sentir la otra persona si nos negamos, más bien nos imaginamos lo que va a pensar de nosotros. Esto es un miedo a ser rechazado, el cual en algunas personas es más marcado que en otras.
- Por sentir que no tengo derecho a negarme. Esto generalmente es un problema de autoestima, en donde damos por hecho que las necesidades del otro son más importantes que las nuestras, y en cuanto nos piden algo, inmediatamente hacemos de lado lo nuestro para atenderlos.
El problema de no saber decir “no” es que después tenemos que afrontar las consecuencias. Nos obligamos a vivir situaciones que no deseábamos. Es importante reconocer cuál es tu necesidad o deseo, y decidir si eso es una prioridad para ti en ese momento, o si estás dispuesto a ceder a los deseos del otro. No es lo mismo ceder porque me siento obligado a hacerlo, que ceder porque yo lo decido así. Y de igual modo podemos aprender a decir “no” si esto significa poner atención a nuestras propias necesidades y atenderlas. De hecho, es señal de buena autoestima. A veces sentimos que decir “no” por pensar en nuestras necesidades es egoísmo, y en realidad no lo es, si sabemos cuándo queremos ceder, y cuándo no.
Esto es lo más importante para aprender a decir “no”: saber reconocer cual es tu necesidad, deseo o interés. Una vez que lo identifiques, solamente tú podrás decidir si en ese momento tu necesidad es una prioridad para ti, o no lo es. Nadie puede definir esto por ti.
--------------------------------------------------------------------------------
APRENDER A DECIR “NO”:
1. Pregúntate si lo que te están pidiendo es algo que tu realmente quieres hacer. Piénsalo detenidamente, no te dejes llevar por el impulso de decir “si”. Observa si TU realmente deseas hacerlo o no, independientemente de los deseos o las expectativas del otro.
2. Toma tu tiempo antes de responder. No des una respuesta en ese momento, di algo como: “déjame pensarlo y te digo al rato”, o “tengo que verificar si no tengo otros compromisos, pero te confirmo mañana”. Esto te va a ayudar mucho a observar con calma si lo que te están pidiendo es algo que tu quieres hacer o no.
3. Pregúntate si tienes el tiempo para hacerlo. Muchas veces no es que no queramos complacer al otro, simplemente no tenemos el tiempo. Evalúa tus prioridades y si decides que puedes dedicar algo de tu tiempo al otro sin afectar tus proyectos, adelante. De lo contrario, es mejor decir “no”.
4. Puedes buscar un punto medio. Tal vez no quieras hacer exactamente lo que te piden pero si estás dispuesto a buscar un acuerdo en el que ambas partes ceden un poco. Di “no”, pero propón otra alternativa. Puedes decir algo como: “mira, hoy no puedo ayudarte con eso pero si no te es muy urgente, mañana sí tendría una hora para ayudarte”.
5. Si vas a decir “no”, sé honesto y amable. Lo mejor es decirle al otro que no podemos porque tenemos otros pendientes, sin tener que entrar en detalles, y decírselo de la manera más amable y con seguridad, que al decir “no”, no te sientas mal de decirlo. Se trata de que puedas decir “no” con la seguridad de que es tu decisión y de que tienes todo el derecho de negarte. Recuerda que es señal de buena autoestima. Es mejor decir no con una sonrisa que con cara de culpa, ¿no crees?
Recuerda: Lo más importante es que tu sepas qué es lo mejor para ti, qué si va con tus planes y tus proyectos y qué no. Así es cómo vas a poder ser tú quien decida cuando decir “sí”, y cuando decir tranquilamente “no”.
(VIAM. Psicologia on line)
Creo que vale la pena leerlo y reflexionar sobre ello.
¿POR QUÉ NOS CUESTA TRABAJO DECIR “NO”?
¿Alguna vez te has encontrado en una situación en la que aceptas hacer algo que en realidad no querías?
A todos nos ha pasado. Te invitan a una boda a la que no tienes ganas de asistir, pero dices “si, claro, ahí estaré”. Tu tía te regala un suéter con puntos morados para navidad y al preguntar si te gusta, dices: “¡me fascina!”. Tus compañeros del trabajo organizan una cena y aunque prefieres irte a descansar a tu casa, no sabes cómo negarte y terminas asistiendo.
Hay muchas razones por las cuales nos cuesta trabajo decir “no”. Por supuesto, depende de la situación, y de la persona. Hay situaciones en las que es prácticamente imposible decir “no”, como cuando tu jefe te “pide” que te quedes a una junta muy importante después de tu horario de trabajo. Existen otras en las que suele ser más fácil, como cuando llega a pedirnos dinero en la calle quien obligadamente te limpia el parabrisas del carro.
La dificultad para decir “no” es algo normal y adaptativo en cierta medida. Como en todas las conductas humanas, existen los extremos, y mientras más nos acercamos a uno u otro, comenzamos a tener problemas.
En el caso de saber decir “no”, en un extremo están las personas a las que prácticamente nunca les cuesta trabajo decirlo. Estas personas que de primera instancia pudieran parecer muy seguras de si mismas, suelen tener muy poca capacidad para empatizar con las necesidades de los demás y por lo mismo tienen fuertes problemas interpersonales.
En el otro extremo están aquellos a los que les es prácticamente imposible decir “no”, y viven su vida resolviendo las necesidades de otros anulándose a sí mismos y a sus propias necesidades y deseos.
El decir “no” es difícil cuando implica ir en contra de las expectativas o deseos de otro, es decir, cuando nos piden algo o esperan algo de nosotros, ya sea una reacción determinada, una opinión, una conducta, etc., o cuando otra persona manifiesta su deseo y depende de nosotros satisfacerlo.
Mencionamos anteriormente que esta dificultad para negarnos es, en cierta medida adaptativa, ya que efectivamente hay situaciones en que socialmente nos es más conveniente y funcional decir “si”, aunque en el fondo quisiéramos decir “no”.
El conflicto surge específicamente cuando se encuentran dos necesidades opuestas. Si alguien nos pide hacer algo que sí deseamos hacer, no hay conflicto alguno. Son dos necesidades que van en la misma dirección. Pero si nos piden hacer algo que nosotros no deseamos hacer, es cuando entramos en conflicto. Tenemos que decidir a qué necesidad darle prioridad, si a la mía, o a la del otro.
Algunos de los motivos más comunes que nos dificultan decir “no” son los siguientes:
- Por evitar un conflicto. Si sabemos que negarnos va a generar una situación problemática para nosotros, generalmente tendemos a ceder. Sobre todo si esa problemática nos es significativa, como en el caso del jefe y la junta de trabajo.
- Por no hacer sentir mal al otro. Lo que es mejor conocido como culpa. Muchas veces, sin darnos cuenta, nos imaginamos lo que el otro va a sentir si nos negamos. Por supuesto que nosotros solo lo imaginamos y no sabemos cómo lo va a tomar en realidad la otra persona, pero nos dejamos guiar por aquello que imaginamos que va a sentir, y si eso que imaginamos no resulta agradable, preferimos no hacerlo pasar por eso.
- Por miedo a no ser aceptado. Contrario a imaginarnos lo que va a sentir la otra persona si nos negamos, más bien nos imaginamos lo que va a pensar de nosotros. Esto es un miedo a ser rechazado, el cual en algunas personas es más marcado que en otras.
- Por sentir que no tengo derecho a negarme. Esto generalmente es un problema de autoestima, en donde damos por hecho que las necesidades del otro son más importantes que las nuestras, y en cuanto nos piden algo, inmediatamente hacemos de lado lo nuestro para atenderlos.
El problema de no saber decir “no” es que después tenemos que afrontar las consecuencias. Nos obligamos a vivir situaciones que no deseábamos. Es importante reconocer cuál es tu necesidad o deseo, y decidir si eso es una prioridad para ti en ese momento, o si estás dispuesto a ceder a los deseos del otro. No es lo mismo ceder porque me siento obligado a hacerlo, que ceder porque yo lo decido así. Y de igual modo podemos aprender a decir “no” si esto significa poner atención a nuestras propias necesidades y atenderlas. De hecho, es señal de buena autoestima. A veces sentimos que decir “no” por pensar en nuestras necesidades es egoísmo, y en realidad no lo es, si sabemos cuándo queremos ceder, y cuándo no.
Esto es lo más importante para aprender a decir “no”: saber reconocer cual es tu necesidad, deseo o interés. Una vez que lo identifiques, solamente tú podrás decidir si en ese momento tu necesidad es una prioridad para ti, o no lo es. Nadie puede definir esto por ti.
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APRENDER A DECIR “NO”:
1. Pregúntate si lo que te están pidiendo es algo que tu realmente quieres hacer. Piénsalo detenidamente, no te dejes llevar por el impulso de decir “si”. Observa si TU realmente deseas hacerlo o no, independientemente de los deseos o las expectativas del otro.
2. Toma tu tiempo antes de responder. No des una respuesta en ese momento, di algo como: “déjame pensarlo y te digo al rato”, o “tengo que verificar si no tengo otros compromisos, pero te confirmo mañana”. Esto te va a ayudar mucho a observar con calma si lo que te están pidiendo es algo que tu quieres hacer o no.
3. Pregúntate si tienes el tiempo para hacerlo. Muchas veces no es que no queramos complacer al otro, simplemente no tenemos el tiempo. Evalúa tus prioridades y si decides que puedes dedicar algo de tu tiempo al otro sin afectar tus proyectos, adelante. De lo contrario, es mejor decir “no”.
4. Puedes buscar un punto medio. Tal vez no quieras hacer exactamente lo que te piden pero si estás dispuesto a buscar un acuerdo en el que ambas partes ceden un poco. Di “no”, pero propón otra alternativa. Puedes decir algo como: “mira, hoy no puedo ayudarte con eso pero si no te es muy urgente, mañana sí tendría una hora para ayudarte”.
5. Si vas a decir “no”, sé honesto y amable. Lo mejor es decirle al otro que no podemos porque tenemos otros pendientes, sin tener que entrar en detalles, y decírselo de la manera más amable y con seguridad, que al decir “no”, no te sientas mal de decirlo. Se trata de que puedas decir “no” con la seguridad de que es tu decisión y de que tienes todo el derecho de negarte. Recuerda que es señal de buena autoestima. Es mejor decir no con una sonrisa que con cara de culpa, ¿no crees?
Recuerda: Lo más importante es que tu sepas qué es lo mejor para ti, qué si va con tus planes y tus proyectos y qué no. Así es cómo vas a poder ser tú quien decida cuando decir “sí”, y cuando decir tranquilamente “no”.
(VIAM. Psicologia on line)
domingo, 15 de agosto de 2010
LA BUENA VIDA
A medida que vamos quitándonos más vendas de los ojos, percibimos mejor la luz y, por tanto, vemos más claramente la realidad: nuestra realidad interior y lo que conocenos como realidad exterior. El ser humano está en constante evolución. Ahora nos ocupamos mucho de los aspectos emocionales, pero hay otros niveles del ser, en forma humana, que también hay que cuidar para poder seguir creciendo y madurando.
Me ha parecido que el título de “La buena vida” –como el de la película- podía ser muy adecuado para el comentario de hoy. En última instancia, todos los humanos, sin excepción, tenemos el mismo derecho a disfrutar de una buena vida, pero no sólo el derecho sino también la necesidad de disfrutarla. Si no podemos llegar a decir que tenemos una buena vida, algo está fallando en nosotros, algo no se está desarrollando como debiera.
Después de unas semanas de descanso, vuelvo al blog para seguir incluyendo sugerencias para ser feliz, algunas de mi cosecha (como me gusta decir) y otras sacadas de las sabidurías esparcidas por el mundo, que son muchas.
Volviendo al principio. A mi entender, conviene tener siempre presente que todo, en el nivel de lo fundamental, está ya hecho en el mundo o en el cosmos –como queramos llamarlo-, que nosotros no tenemos que hacer nada, que el mundo es como es y lo que es, que así lo encontramos al nacer y así seguirá después de que hayamos dejado esta vida. Pero lo que sí podemos y tenemos que hacer es abrir los ojos más y más, mirar, ver y observar. Todo nos revela que las cosas –en un nivel esencial, insisto- están bien hechas, que hay una armonía, que hay una interrelación entre los componentes del Universo. Pues bien, cuando la mirada está suficientemente madura, entonces vemos que nosotros formamos parte inseparable de ese conjunto armónico. Y me refiero a una mirada integral, a la que se hace desde la mente y desde el corazón al mismo tiempo. Lo aconsejable es, simplemente, quitarnos las vendas que todavía cubren nuestros ojos (el conocido “velo de Maya” en la tradición hindú) y ver la realidad, tal como es, que está delante de nosotros, en todo su esplendor, en toda su brillantez.
Buscar la felicidad, para mí, es situarse en esa perspectiva, en la de saber que estamos en constante evolución, la cual consiste en una maduración progresiva para poder descubrir, cada vez mejor, lo que nos impide sentirnos llenos, en plenitud. Sentir un cierto grado de insatisfacción es perfectamente humano, ya que estamos en el camino hacia conseguir esa felicidad de la que siempre hablamos. Pero lo bueno es que, desde siempre, disponemos de instrumentos para poder ir quitándonos más y más vendas de nuestros ojos, y sobre esos instrumentos es de lo que venimos hablando desde hace unos meses. No son los demás los que nos tienen que proporcionar felicidad, sino nosotros mismos los que podemos avanzar para llegar a sentirnos bien situados en el mundo y en la vida. Podemos conseguirlo si abrimos más y más nuestra mirada hacia dentro y hacia afuera de nosotros mismos. Es más, tenemos que conseguirlo porque la vida sigue y nuestra evolución como seres humanos también. Es algo difícil de entender a la primera, pero lo cierto es que los seres humanos somos como una especie de chispa de luz cósmica –por llamarlo de algún modo- procedente de - y llamada a integrarse definitivamente dentro de- un orden universal que yo llamo Amor. Otra cosa es que, mientras nuestros ojos permanezcan medio ocultos, nos tengamos que debatir con sentimientos como: la envidia, los celos, la frustración, el miedo, la cólera, la venganza, la tristeza, el desánimo, la desilusión, etc.
Mi propósito hoy es recordarme a mí mismo y a quienes lean este blog que hay un camino hacia el bienestar, que pasa necesariamente por madurar como seres humanos, y que esta maduración se tiene que producir paralelamente en todos los niveles de lo que somos. Hay quien no cuida su cuerpo, hay quien no cuida su mente y hay quien no cuida su corazón (sus sentimientos y emociones). Pero todo hay que cuidarlo. El cuerpo nos permite la conexión básica con el mundo, a través de los sentidos, y también poder sentir los placeres de la vida, que son magníficos. Un cuerpo realmente cuidado y despierto nos facilitará el éxtasis, sin ninguna duda. La mente procesa la información que nos llega desde nuestro interior y desde el exterior, y nos ayuda a poder tomar las decisiones adecuadas para nosotros en cada situación. Una mente turbia, producto de unos malos cuidados, puede confundirnos y llevarnos incluso al bloqueo mental y emocional. Y el corazón, que es donde metafóricamente residen los sentimientos, hay que cuidarlo para poder discernir lo que nos va bien y lo que no en el mundo de las relaciones con nosotros mismos y con los demás.
La buena vida, por tanto, puede empezar ya, desde ahora mismo, si queremos. No hace falta esperar a conseguirla. Podemos comenzar a cuidar (o continuar cuidando) nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro corazón. Es cuestión de darse cuenta de ello y de tenerlo siempre presente. No hay suficiente con cuidar alguno de los aspectos del ser, los tenemos que cuidar todos. Hay quien piensa que con practicar yoga o tai chi ya hay bastante y que todo lo demás vendrá por añadidura. Otros creen que yendo al gimnasio o corriendo maratones ya está todo hecho. Y otros, que encontrando una buena pareja y viviendo una gran historia de amor se acabarán los problemas. Y también los hay que piensan que por dedicarse a la literatura o a cualquiera de las artes obtendrán la recompensa de ser felices. Yo creo que no. Los humanos somos seres integrales, que comprenden diversos niveles del ser, los cuales pueden evolucionar (y de hecho evolucionan) a diferente ritmo y, por tanto, hay que atenderlos a todos por igual y constantemente. Hay quien se ha quedado estancado, fundamentalmente, en su cuerpo y sólo busca la satisfacción (la “felicidad”) en los placeres físicos sin límite, dejando de lado los cuidados que su parte somática requiere. Los hay que sólo sienten o sólo quieren sentir emociones románticas, descuidando la necesaria maduración de su corazón. Y hay quien no se preocupa ni de su corazón ni de su cuerpo y vive encerrado en la burbuja abstracta de sus pensamientos y de sus reflexiones metafísicas o de sus cálculos para ganar más dinero en los negocios. Ninguno de ellos, a mi juicio, va por el buen camino de ser un ser humano integral, que es lo que somos potencialmente desde que nacemos.
Para mí, lo más elevado en los humanos se desprende de ellos cuando son capaces de estar en el mundo, bien plantados, bien situados, bien ubicados, o sea de forma integral: físicamente, mentalmente y emocionalmente. Eso es, a mi entender, la buena vida.
Para acabar, recomiendo la lectura de una novela que a mí me ha inspirado muchísimo. Se trata de “Piezas en fuga”. La autora: Anne Michaels. Editorial Alfaguara. Transcribo un párrafo corto:
“Es un error creer que son las cosas pequeñas las que dominamos y no las grandes. ¡Es al revés! No podemos evitar los accidentes pequeños, el minúsculo detalle que introduce una conspiración en el destino: ese momento extra en que corres a recoger algo olvidado, un momento que te salva de un accidente –o te lo provoca. Pero podemos imponer el orden mayor, los grandes valores humanos, el único orden que es lo suficientemente grande para ser visto”
Me ha parecido que el título de “La buena vida” –como el de la película- podía ser muy adecuado para el comentario de hoy. En última instancia, todos los humanos, sin excepción, tenemos el mismo derecho a disfrutar de una buena vida, pero no sólo el derecho sino también la necesidad de disfrutarla. Si no podemos llegar a decir que tenemos una buena vida, algo está fallando en nosotros, algo no se está desarrollando como debiera.
Después de unas semanas de descanso, vuelvo al blog para seguir incluyendo sugerencias para ser feliz, algunas de mi cosecha (como me gusta decir) y otras sacadas de las sabidurías esparcidas por el mundo, que son muchas.
Volviendo al principio. A mi entender, conviene tener siempre presente que todo, en el nivel de lo fundamental, está ya hecho en el mundo o en el cosmos –como queramos llamarlo-, que nosotros no tenemos que hacer nada, que el mundo es como es y lo que es, que así lo encontramos al nacer y así seguirá después de que hayamos dejado esta vida. Pero lo que sí podemos y tenemos que hacer es abrir los ojos más y más, mirar, ver y observar. Todo nos revela que las cosas –en un nivel esencial, insisto- están bien hechas, que hay una armonía, que hay una interrelación entre los componentes del Universo. Pues bien, cuando la mirada está suficientemente madura, entonces vemos que nosotros formamos parte inseparable de ese conjunto armónico. Y me refiero a una mirada integral, a la que se hace desde la mente y desde el corazón al mismo tiempo. Lo aconsejable es, simplemente, quitarnos las vendas que todavía cubren nuestros ojos (el conocido “velo de Maya” en la tradición hindú) y ver la realidad, tal como es, que está delante de nosotros, en todo su esplendor, en toda su brillantez.
Buscar la felicidad, para mí, es situarse en esa perspectiva, en la de saber que estamos en constante evolución, la cual consiste en una maduración progresiva para poder descubrir, cada vez mejor, lo que nos impide sentirnos llenos, en plenitud. Sentir un cierto grado de insatisfacción es perfectamente humano, ya que estamos en el camino hacia conseguir esa felicidad de la que siempre hablamos. Pero lo bueno es que, desde siempre, disponemos de instrumentos para poder ir quitándonos más y más vendas de nuestros ojos, y sobre esos instrumentos es de lo que venimos hablando desde hace unos meses. No son los demás los que nos tienen que proporcionar felicidad, sino nosotros mismos los que podemos avanzar para llegar a sentirnos bien situados en el mundo y en la vida. Podemos conseguirlo si abrimos más y más nuestra mirada hacia dentro y hacia afuera de nosotros mismos. Es más, tenemos que conseguirlo porque la vida sigue y nuestra evolución como seres humanos también. Es algo difícil de entender a la primera, pero lo cierto es que los seres humanos somos como una especie de chispa de luz cósmica –por llamarlo de algún modo- procedente de - y llamada a integrarse definitivamente dentro de- un orden universal que yo llamo Amor. Otra cosa es que, mientras nuestros ojos permanezcan medio ocultos, nos tengamos que debatir con sentimientos como: la envidia, los celos, la frustración, el miedo, la cólera, la venganza, la tristeza, el desánimo, la desilusión, etc.
Mi propósito hoy es recordarme a mí mismo y a quienes lean este blog que hay un camino hacia el bienestar, que pasa necesariamente por madurar como seres humanos, y que esta maduración se tiene que producir paralelamente en todos los niveles de lo que somos. Hay quien no cuida su cuerpo, hay quien no cuida su mente y hay quien no cuida su corazón (sus sentimientos y emociones). Pero todo hay que cuidarlo. El cuerpo nos permite la conexión básica con el mundo, a través de los sentidos, y también poder sentir los placeres de la vida, que son magníficos. Un cuerpo realmente cuidado y despierto nos facilitará el éxtasis, sin ninguna duda. La mente procesa la información que nos llega desde nuestro interior y desde el exterior, y nos ayuda a poder tomar las decisiones adecuadas para nosotros en cada situación. Una mente turbia, producto de unos malos cuidados, puede confundirnos y llevarnos incluso al bloqueo mental y emocional. Y el corazón, que es donde metafóricamente residen los sentimientos, hay que cuidarlo para poder discernir lo que nos va bien y lo que no en el mundo de las relaciones con nosotros mismos y con los demás.
La buena vida, por tanto, puede empezar ya, desde ahora mismo, si queremos. No hace falta esperar a conseguirla. Podemos comenzar a cuidar (o continuar cuidando) nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro corazón. Es cuestión de darse cuenta de ello y de tenerlo siempre presente. No hay suficiente con cuidar alguno de los aspectos del ser, los tenemos que cuidar todos. Hay quien piensa que con practicar yoga o tai chi ya hay bastante y que todo lo demás vendrá por añadidura. Otros creen que yendo al gimnasio o corriendo maratones ya está todo hecho. Y otros, que encontrando una buena pareja y viviendo una gran historia de amor se acabarán los problemas. Y también los hay que piensan que por dedicarse a la literatura o a cualquiera de las artes obtendrán la recompensa de ser felices. Yo creo que no. Los humanos somos seres integrales, que comprenden diversos niveles del ser, los cuales pueden evolucionar (y de hecho evolucionan) a diferente ritmo y, por tanto, hay que atenderlos a todos por igual y constantemente. Hay quien se ha quedado estancado, fundamentalmente, en su cuerpo y sólo busca la satisfacción (la “felicidad”) en los placeres físicos sin límite, dejando de lado los cuidados que su parte somática requiere. Los hay que sólo sienten o sólo quieren sentir emociones románticas, descuidando la necesaria maduración de su corazón. Y hay quien no se preocupa ni de su corazón ni de su cuerpo y vive encerrado en la burbuja abstracta de sus pensamientos y de sus reflexiones metafísicas o de sus cálculos para ganar más dinero en los negocios. Ninguno de ellos, a mi juicio, va por el buen camino de ser un ser humano integral, que es lo que somos potencialmente desde que nacemos.
Para mí, lo más elevado en los humanos se desprende de ellos cuando son capaces de estar en el mundo, bien plantados, bien situados, bien ubicados, o sea de forma integral: físicamente, mentalmente y emocionalmente. Eso es, a mi entender, la buena vida.
Para acabar, recomiendo la lectura de una novela que a mí me ha inspirado muchísimo. Se trata de “Piezas en fuga”. La autora: Anne Michaels. Editorial Alfaguara. Transcribo un párrafo corto:
“Es un error creer que son las cosas pequeñas las que dominamos y no las grandes. ¡Es al revés! No podemos evitar los accidentes pequeños, el minúsculo detalle que introduce una conspiración en el destino: ese momento extra en que corres a recoger algo olvidado, un momento que te salva de un accidente –o te lo provoca. Pero podemos imponer el orden mayor, los grandes valores humanos, el único orden que es lo suficientemente grande para ser visto”
domingo, 25 de julio de 2010
EL PODER QUE TODOS TENEMOS DENTRO
En esta ocasión, no voy a extenderme con mis reflexiones. La entrevista que os transcribo a continuación es, para mí, tan clara, y confirma tanto los puntos de vista que he expuesto durante estos meses, que no necesita comentarios ni apostillas por mi parte. Su lectura es un auténtico placer. La recomiendo encarecidamente. Y a ver si alguna de las personas que seguís el blog os atrevéis a hacer alguna contribución al respecto. Es una buena ocasión.
El Blog Alternativo
EL DON DE VIVIR COMO UNO QUIERE. Claves para lograrlo. Entrevistamos a su autora Concha Barbero
1. ¿Qué es el don de vivir como uno quiere? ¿La piedra filosofal, el sueldo Nescafé para toda la vida? ¿Es algo real y posible?
Vivir como uno quiere es cumplir el cometido para el que se ha venido a este mundo; es ocupar el lugar que te corresponde, en el que te sientes parte activa de la vida, y mediante el que te desarrollas interior y exteriormente.
Claro… todo eso no se consigue en un abrir y cerrar de ojos, sino preguntándote quién eres, por qué estás aquí, qué sentido tiene la vida… Todas las respuestas las tienes dentro de ti. Sin embargo, no todo el mundo realiza ese trabajo de introspección, de conexión con su fuente. Mirar dentro de uno mismo requiere humildad y depuración de creencias limitantes.
No hay por qué llevarlo a cabo con sufrimiento o con un gran esfuerzo, sino poniendo tu atención en aprender y disfrutar de cada instante, de cada vivencia y de cada persona, siempre en relación a tu propia actitud.
2. ¿Por qué suena a utopía?
Por lo que acabo de exponer, parece que es más fácil engañarse creyendo que no hay posibilidad de vivir como queremos, sino como nos dejan vivir los demás o las circunstancias. Pero “nadie te ataca, son tus expectativas” (leía hace unos días), y las circunstancias… ¡tantas veces las creamos nosotros!.
Muchas personas pasan descontentas toda una vida, frustradas y renegando por todo, pero dejan intacto su propio espacio, como si no mandaran en sí mismas.
3. ¿Crees que hay demasiadas influencias a nuestro alrededor para ser escépticos en ese sentido?
Sí, lo primero que debemos hacer para avanzar en la dirección que deseamos es quitarnos cualquier sentimiento de culpa; los errores son los que nos han llevado al acierto.
Nos fijamos más en lo que nos falta que en lo que tenemos, y ese sentimiento de escasez ha pasado de generación en generación.
Por eso mismo, algunas personas cuando conocen el título de mi libro reaccionan con incredulidad, se resisten al cambio. Para abordar su lectura con interés y de un modo productivo tienes que ser portador de alguna inquietud de transformación.
La suerte es que cada vez más personas precisan evolucionar internamente,
4. ¿Cuáles son los obstáculos personales que no sólo nos alejan de ese don, sino que hasta nos hacen dudar de que lo merezcamos?
Aceptamos que lo vivido es muy parecido a lo que nos queda por vivir. Obviamos nuestras posibilidades, nuestro talento, con el que nacimos, pero que se ha ido ocultando con un surtido de miedos que nos van apartando del crecimiento. Llega un momento en el que, efectivamente, no nos creemos siquiera merecedores de una vida armónica y creativa y nos habituamos a autosabotearnos.
Para dominar nuestros autofrenos debemos conocerlos, porque aquello de lo que huimos esconde lo que necesitamos aprender. En el libro abordo algunos de los miedos más comunes: el perfeccionismo, el temor a la opinión o acción de otras personas, la comparación, el sentimiento de inferioridad y, por supuesto, el victimismo.
5. ¿Y cuál es el antídoto?
Los dones que deban manifestarse externamente serán el resultado del trabajo interior.
6. Definamos en detalle “vivir como uno quiere”. ¿Es no trabajar, es no ser asalariado, o trabajar pocas horas? ¿Se puede “vivir como uno quiere” con deudas y familia que sacar a delante?
Sé, como todos, que hay muchas personas en difíciles situaciones económicas, laborales… que pueden considerar que todo esto que estamos diciendo no son más que quimeras. Todos tenemos a alguien cercano a quien le ha tocado de lleno el bache que estamos atravesando, pero estoy convencida de que la única salida también para ellos es abandonar la queja, no esperar que te solucione la vida un jefe, el gobierno o tu familia, sino avanzar con decisión, trabajando su patrón de bonanza mental, reinventándose su vida, sin perder el entusiasmo y siempre con disciplina. Y, antes de nada, precisan
7. ¿Cómo se te ocurrió escribir este libro? ¿Cuáles son tus objetivos?
Al igual que en mi anterior libro “Palabras para el Bienestar”, quería ponerle palabras a una experiencia que había vivido, la de explotar mi propio don y, sin personalizar en mí, expresar con contundencia que es posible vivir ilusionado.
Inicialmente iba a titularlo “Tienes un don, descúbrelo”, pero me parecía muy parcial. Hay personas que no necesitan desarrollar un don concreto, pero sí cumplir la misión de su vida, desde la entrega a otros, por ejemplo.
La tercera acepción de la RAE para la palabra “don” es “Gracia especial o habilidad para hacer algo”, y qué mejor que desarrollar la capacidad de vivir como se quiere, pensé.
8. ¿A quién se dirige? ¿A jóvenes a tiempo para “no torcerse” o también a “maduritos extraviados”?
A cualquier persona que es consciente de que necesita explotar la energía que tiene retenida y canalizarla hacia lo que sabe le hará más feliz.
Creo que puede serle útil tanto a un joven que se encuentre en un momento clave para orientar su vida, como a alguien que esté en lo que se denomina “la crisis de la media vida”, así como a una persona mayor que está en la etapa ideal para desarrollar lo que no pudo o no fue capaz de hacer por las obligaciones cotidianas durante su vida laboral.
9. ¿Qué podemos hacer los padres de niños pequeños para que nuestros hijos no necesiten estos libros de mayores porque ya hayan conseguido desarrollar su potencial?
Ser felices, trabajar nuestras debilidades para proyectarles la alegría de vivir; ser honestos para que ellos lo sean, demostrar estímulo por el día a día, enfrentarse a cada circunstancia haciéndoles ver que todo tiene solución, porque incluso de las situaciones más “negras”, se aprende.
Cuando parece que caminamos hacia atrás avanzamos igualmente.
Esta actitud esperanzadora les aporta mucha seguridad; así les orientamos, no les manejamos, porque ellos ya nacen con su sabiduría esencial.
10. ¿Cómo sería el mundo donde todos vivieran como quisieran? ¿Crees que es posible?
Sería un mundo en el que cada persona se sintiera tan plena de sí que no se aferrara a nada, porque lo tuviera todo. La mayor lacra de la humanidad es el vacío interior, porque suele desencadenar en egoísmo con relación al otro y al medio en el que se desenvuelve. Es el punto de partida de muchos conflictos.
Lo deseable sería vivir en un mundo en el que acabara la repetición, la rutina y los problemas provenientes de la competición, y que se solventaran con la innovación y la colaboración. Un lugar en el que reinara la creatividad. Cada ser humano desarrollaría su potencial con pasión, y lo compartiría, embelleciendo el orbe. Para mí,
Estamos en una época de transformación, será lento, pero confiemos en que, uno a uno, vayamos elevando nuestra conciencia, vivamos como queremos y dejemos nuestra huella de amor por el mundo.
CONCHA BARBERO es autora de “Palabras para el bienestar” y “El don de vivir como uno quiere”
Sus blogs son: Silencio activo y Libros de Concha Barbero.
El Blog Alternativo
EL DON DE VIVIR COMO UNO QUIERE. Claves para lograrlo. Entrevistamos a su autora Concha Barbero
1. ¿Qué es el don de vivir como uno quiere? ¿La piedra filosofal, el sueldo Nescafé para toda la vida? ¿Es algo real y posible?
Vivir como uno quiere es cumplir el cometido para el que se ha venido a este mundo; es ocupar el lugar que te corresponde, en el que te sientes parte activa de la vida, y mediante el que te desarrollas interior y exteriormente.
Tratar de sentirte bien no es una postura egoísta, sino todo lo contrario. Cuando eres fiel a ti y persigues tus sueños haces también felices a los que te rodean, porque tu buena energía se expande y alcanza a otras personas. El ejemplo es el mejor maestro.
Claro… todo eso no se consigue en un abrir y cerrar de ojos, sino preguntándote quién eres, por qué estás aquí, qué sentido tiene la vida… Todas las respuestas las tienes dentro de ti. Sin embargo, no todo el mundo realiza ese trabajo de introspección, de conexión con su fuente. Mirar dentro de uno mismo requiere humildad y depuración de creencias limitantes.
No hay por qué llevarlo a cabo con sufrimiento o con un gran esfuerzo, sino poniendo tu atención en aprender y disfrutar de cada instante, de cada vivencia y de cada persona, siempre en relación a tu propia actitud.
2. ¿Por qué suena a utopía?
Por lo que acabo de exponer, parece que es más fácil engañarse creyendo que no hay posibilidad de vivir como queremos, sino como nos dejan vivir los demás o las circunstancias. Pero “nadie te ataca, son tus expectativas” (leía hace unos días), y las circunstancias… ¡tantas veces las creamos nosotros!.
Muchas personas pasan descontentas toda una vida, frustradas y renegando por todo, pero dejan intacto su propio espacio, como si no mandaran en sí mismas.
Nos hacemos un gran favor cuando reconocemos el poder que tenemos dentro de nosotros.
3. ¿Crees que hay demasiadas influencias a nuestro alrededor para ser escépticos en ese sentido?
Sí, lo primero que debemos hacer para avanzar en la dirección que deseamos es quitarnos cualquier sentimiento de culpa; los errores son los que nos han llevado al acierto.
No se nos puede reprochar no haber vivido como queríamos, porque tenemos muy grabado en nuestra mente que hemos nacido para sufrir.
Nos fijamos más en lo que nos falta que en lo que tenemos, y ese sentimiento de escasez ha pasado de generación en generación.
No somos culpables de nada, pero sí responsables de mutar lo que nos perjudica en lo que nos favorece. Desde los mismos medios de comunicación, por ejemplo, se difunden diariamente demasiados mensajes negativos. La vida parece ser una batalla en la que lo más común es perder, de modo que cuando alguien insinúa lo contrario se suele poner en duda sus palabras.
Por eso mismo, algunas personas cuando conocen el título de mi libro reaccionan con incredulidad, se resisten al cambio. Para abordar su lectura con interés y de un modo productivo tienes que ser portador de alguna inquietud de transformación.
La suerte es que cada vez más personas precisan evolucionar internamente,
porque han comprobado que esa percepción derrotista de la realidad les va hundiendo. La situación personal de muchas personas es una muestra de la global que estamos viviendo. El cambio del mundo comienza en mí y en ti.
4. ¿Cuáles son los obstáculos personales que no sólo nos alejan de ese don, sino que hasta nos hacen dudar de que lo merezcamos?
Nos vamos acomodando a las creencias con las que convivimosy que consideramos inamovibles (nadie nos ha avisado de que podíamos cambiarlas para nuestra felicidad) o que ni siquiera nos hemos parado a considerar.
Aceptamos que lo vivido es muy parecido a lo que nos queda por vivir. Obviamos nuestras posibilidades, nuestro talento, con el que nacimos, pero que se ha ido ocultando con un surtido de miedos que nos van apartando del crecimiento. Llega un momento en el que, efectivamente, no nos creemos siquiera merecedores de una vida armónica y creativa y nos habituamos a autosabotearnos.
Para dominar nuestros autofrenos debemos conocerlos, porque aquello de lo que huimos esconde lo que necesitamos aprender. En el libro abordo algunos de los miedos más comunes: el perfeccionismo, el temor a la opinión o acción de otras personas, la comparación, el sentimiento de inferioridad y, por supuesto, el victimismo.
5. ¿Y cuál es el antídoto?
El refuerzo de la confianza en ti y en la vida desde el amor es la base para llevar una existencia feliz. El primer paso es el autoconocimiento; más adelante tendrá lugar el desarrollo de la creatividad. Basta con tener la intención de recrear tu propia vida, y lo que deba llegar, llegará.
Los dones que deban manifestarse externamente serán el resultado del trabajo interior.
6. Definamos en detalle “vivir como uno quiere”. ¿Es no trabajar, es no ser asalariado, o trabajar pocas horas? ¿Se puede “vivir como uno quiere” con deudas y familia que sacar a delante?
Vivir como uno quiere es hacer que tus deseos y tus experiencias confluyan.Para unas personas vivir como desean puede ser, como indico en el libro, disfrutar contemplando la naturaleza (¡nada más y nada menos!), montar un negocio apasionante, desempeñar un trabajo divertido o despertar una capacidad concreta, que te hará vivir el ahora con naturalidad e intensidad. En el fondo, todos sabemos lo que nos haría felices, aunque lo tengamos muy escondido tras las dudas y los prejuicios.
Sé, como todos, que hay muchas personas en difíciles situaciones económicas, laborales… que pueden considerar que todo esto que estamos diciendo no son más que quimeras. Todos tenemos a alguien cercano a quien le ha tocado de lleno el bache que estamos atravesando, pero estoy convencida de que la única salida también para ellos es abandonar la queja, no esperar que te solucione la vida un jefe, el gobierno o tu familia, sino avanzar con decisión, trabajando su patrón de bonanza mental, reinventándose su vida, sin perder el entusiasmo y siempre con disciplina. Y, antes de nada, precisan
creer en sí mismas y planificar un proceso de visualización hacia el progreso y el cumplimiento de sus sueños.
7. ¿Cómo se te ocurrió escribir este libro? ¿Cuáles son tus objetivos?
Al igual que en mi anterior libro “Palabras para el Bienestar”, quería ponerle palabras a una experiencia que había vivido, la de explotar mi propio don y, sin personalizar en mí, expresar con contundencia que es posible vivir ilusionado.
Inicialmente iba a titularlo “Tienes un don, descúbrelo”, pero me parecía muy parcial. Hay personas que no necesitan desarrollar un don concreto, pero sí cumplir la misión de su vida, desde la entrega a otros, por ejemplo.
La tercera acepción de la RAE para la palabra “don” es “Gracia especial o habilidad para hacer algo”, y qué mejor que desarrollar la capacidad de vivir como se quiere, pensé.
8. ¿A quién se dirige? ¿A jóvenes a tiempo para “no torcerse” o también a “maduritos extraviados”?
A cualquier persona que es consciente de que necesita explotar la energía que tiene retenida y canalizarla hacia lo que sabe le hará más feliz.
Creo que puede serle útil tanto a un joven que se encuentre en un momento clave para orientar su vida, como a alguien que esté en lo que se denomina “la crisis de la media vida”, así como a una persona mayor que está en la etapa ideal para desarrollar lo que no pudo o no fue capaz de hacer por las obligaciones cotidianas durante su vida laboral.
Siempre estamos a tiempo de mejorar nuestra vida. Si muchas personas conocieran las ventajas de atreverse, lo harían con los ojos cerrados.
9. ¿Qué podemos hacer los padres de niños pequeños para que nuestros hijos no necesiten estos libros de mayores porque ya hayan conseguido desarrollar su potencial?
Ser felices, trabajar nuestras debilidades para proyectarles la alegría de vivir; ser honestos para que ellos lo sean, demostrar estímulo por el día a día, enfrentarse a cada circunstancia haciéndoles ver que todo tiene solución, porque incluso de las situaciones más “negras”, se aprende.
Cuando parece que caminamos hacia atrás avanzamos igualmente.
Debemos abrirles la cortina del entusiasmo para que divisen la belleza que les queda por descubrir.
Esta actitud esperanzadora les aporta mucha seguridad; así les orientamos, no les manejamos, porque ellos ya nacen con su sabiduría esencial.
10. ¿Cómo sería el mundo donde todos vivieran como quisieran? ¿Crees que es posible?
Sería un mundo en el que cada persona se sintiera tan plena de sí que no se aferrara a nada, porque lo tuviera todo. La mayor lacra de la humanidad es el vacío interior, porque suele desencadenar en egoísmo con relación al otro y al medio en el que se desenvuelve. Es el punto de partida de muchos conflictos.
Lo deseable sería vivir en un mundo en el que acabara la repetición, la rutina y los problemas provenientes de la competición, y que se solventaran con la innovación y la colaboración. Un lugar en el que reinara la creatividad. Cada ser humano desarrollaría su potencial con pasión, y lo compartiría, embelleciendo el orbe. Para mí,
la creatividad es amor manifestado en la obra del hombre en este mundo. Y todos tenemos poder creativo, así que es algo factible.
Estamos en una época de transformación, será lento, pero confiemos en que, uno a uno, vayamos elevando nuestra conciencia, vivamos como queremos y dejemos nuestra huella de amor por el mundo.
CONCHA BARBERO es autora de “Palabras para el bienestar” y “El don de vivir como uno quiere”
Sus blogs son: Silencio activo y Libros de Concha Barbero.
martes, 20 de julio de 2010
LA VERDADERA GENEROSIDAD (a mi entender)
Es un hecho bastante común hacer depender nuestro propio bienestar emocional del de los demás y eso es así porque está muy extendida la creencia de que solamente si somos generosos con los demás, podremos llegar a ser felices. Esta creencia, además, nos conduce a menudo a sentirnos culpables si sospechamos que no hemos sido suficientemente generosos con alguien en una ocasión determinada.
Hemos mamado estas enseñanzas desde que éramos pequeños, y por eso nos hemos esforzado, noche y día a lo largo de los años, por ser generosos y altruistas, esperando, naturalmente, la correspondiente recompensa en forma de sentimientos de bienestar y de felicidad. Sin embargo, lo que sabemos por experiencia es que después de cada acto de generosidad no siempre se produce el ansiado bienestar. Hay veces que estamos hartos de ser generosos porque no somos correspondidos de igual manera, y otras veces estamos hartos porque no vemos nada claro que hayamos de ser generosos en algunos casos o con determinadas personas.
Se ha dicho siempre que las madres deben ser abnegadas. O, dicho de otra manera, se considera generalmente que un atributo de la maternidad que se precie es la abnegación. La historia y la historia de la literatura están llenas de mujeres abnegadas con sus hijos, con sus esposos y con sus padres, porque es el prototipo que nuestra cultura ha querido difundir para garantizar la supervivencia del grupo. Así es que, cuando oíamos decir a nuestra madre que teníamos que ser generosos, veíamos claramente que el modelo a seguir para conseguir esa meta era nuestra propia madre. Por eso podemos recordar cómo nos decían aquello de “tienes que ser bueno”, “no has de ser egoísta”, “has de mirar por los demás”, etc. Naturalmente, la retribución al cambio sólo podía ser un sentimiento de felicidad claro, y sin embargo no era así muchas veces, porque lo que sentías era rabia y enfado. Y ella intentaba calmarte halagando tus oídos con frases como “tú eres muy buena persona”, “tú lo puedes entender”, “esto es lo que espero de ti”. Así era en muchos casos la relación con la madre cuando yo era pequeño, pero incluyo también la relación con el padre porque, en general, estaba cortada por el mismo patrón en aquellos casos en que el padre no era el típico ogro malhumorado o el tradicional padre ausente del hogar excepto para proveer de medios dinerarios a la familia.
Con ese patrón de abnegación y desprendimiento, hemos ido creciendo y conviviendo más o menos bien, pero sin librarnos del todo de los episodios de enfado que en muchos casos sucedían a los actos de generosidad más o menos voluntaria. ¿Y por qué pasaba esto? Pues porque, para mí, en estos casos no se trataba de una verdadera generosidad, sino de una conducta para contentar a los padres o para conseguir que los destinatarios de nuestros actos estuvieran bien. Y eso a costa de no plantearnos a nosotros mismos cuestiones que considero fundamentales para sentirnos bien.
Mi opinión sobre este particular es que cuando seguíamos, de niños, los dictados de nuestros padres tal como los he descrito, lo que hacíamos era complacerlos, sin más, prescindiendo de cuál pudiera ser la necesidad nuestra que teníamos que atender para llegar a encontrarnos bien. Y si lo seguimos haciendo, ya de adultos, con nuestra pareja, con los padres, con los amigos, etc., seguimos complaciendo igual que cuando éramos niños.
Por otra parte, no hay que pasar por alto otro detalle y es que si complacer es someter nuestra posibilidad de ser felices por nosotros mismos a cómo se sientan los demás, también es cierto que complacer es también una forma de manipulación por nuestra parte, o sea, una instrumentalización que hacemos de los demás porque los usamos para podernos sentir bien, aunque sea inconscientemente y con actos de aparente generosidad. ¿Pero cómo podemos dejar de complacer, y de manipular a los demás para que nos hagan sentirnos felices?
A mi entender, la respuesta es: siendo auténticos. Estoy convencido de que el mejor servicio que nos podemos hacer a nosotros mismos y a los otros es ser auténticos.
Cada uno es como es. Somos individuos únicos e irrepetibles. Tenemos derecho a esa individualidad, a ser como somos y a que todo el mundo respete esa individualidad. Esa es la clave. ¿Y qué nos ha pasado a lo largo de la vida? Que no se nos han reconocido o respetado del todo esos derechos. A nuestros educadores, les daban miedo nuestra peculiaridad, nuestras diferencias. Por todos los medios, intentaban reducirnos a un común denominador, esto es, al patrón estándar, a lo que se entendía que era correcto y adecuado pedagógicamente. Y este factor, por sí mismo, ya ha sido capaz de crearnos muchos conflictos emocionales que han pervivido hasta nuestra vida adulta. Si no es así, ¿cómo es que hay tantas personas con problemas de autoestima? ¿Quién les hizo sentir –aunque fuera involuntariamente- que no eran buenas personas porque eran rebeldes, poco dóciles o que tenían conductas divergentes?
Ahora bien, tengo que añadir a todo lo anterior que ser auténtico no quiere decir en ningún caso no respetar a los demás ni no ser generosos. En cuanto a lo primero, creo que ser auténtico, como quiera que se trata de ejercer el derecho a serlo, te enseña y te lleva directamente a respetar el mismo derecho en todas las personas. Y en cuanto a lo segundo, estoy convencido de que la verdadera generosidad surge espontáneamente, de manera natural, del fondo del corazón de todo ser humano cuando se disfruta de bienestar emocional, cuando uno está bien situado emocionalmente, circunstancia que sólo puede darse si uno se tiene cuenta a sí mismo y se respeta a sí mismo haciendo que los demás le respeten a uno como es.
Está claro que no podemos dar lo que no tenemos y que, en cambio, podemos dar lo que tenemos, solamente lo que tenemos. Por eso, entiendo que podemos ser generosos y dar lo mejor de nosotros mismos a los demás si conseguimos ser nosotros mismos y si tenemos en cuenta nuestras necesidades emocionales; pero no seremos generosos auténticamente y no obtendremos el deseado bienestar emocional si nuestros actos de generosidad se basan en seguir los dictados del deber o en complacer.
Somos personas, individuos humanos, y tenemos derecho a ser felices. Y para conseguirlo, hemos de seguir dos vías en paralelo: una, teniéndonos en cuenta a nosotros mismos (recuperando la parte de autoestima que hemos ido perdiendo con la educación que hemos recibido) y la otra, teniendo en cuenta a los otros, respetándolos. Si bien, hace falta insistir en que lo primero de todo, para poder estar bien situados emocionalmente, es conectar con nuestras necesidades emocionales individuales y darles prioridad por delante y por encima de las necesidades de los demás (naturalmente, me refiero a la relación entre adultos, no con los niños). Y eso no quita que, desde nuestro bienestar básico, podamos dedicarnos todo lo que deseemos a ayudar a los demás sinceramente, pues en eso consiste para mí, precisamente, la verdadera generosidad, la que surge de un corazón que vive emocionalmente en paz.
Hemos mamado estas enseñanzas desde que éramos pequeños, y por eso nos hemos esforzado, noche y día a lo largo de los años, por ser generosos y altruistas, esperando, naturalmente, la correspondiente recompensa en forma de sentimientos de bienestar y de felicidad. Sin embargo, lo que sabemos por experiencia es que después de cada acto de generosidad no siempre se produce el ansiado bienestar. Hay veces que estamos hartos de ser generosos porque no somos correspondidos de igual manera, y otras veces estamos hartos porque no vemos nada claro que hayamos de ser generosos en algunos casos o con determinadas personas.
Se ha dicho siempre que las madres deben ser abnegadas. O, dicho de otra manera, se considera generalmente que un atributo de la maternidad que se precie es la abnegación. La historia y la historia de la literatura están llenas de mujeres abnegadas con sus hijos, con sus esposos y con sus padres, porque es el prototipo que nuestra cultura ha querido difundir para garantizar la supervivencia del grupo. Así es que, cuando oíamos decir a nuestra madre que teníamos que ser generosos, veíamos claramente que el modelo a seguir para conseguir esa meta era nuestra propia madre. Por eso podemos recordar cómo nos decían aquello de “tienes que ser bueno”, “no has de ser egoísta”, “has de mirar por los demás”, etc. Naturalmente, la retribución al cambio sólo podía ser un sentimiento de felicidad claro, y sin embargo no era así muchas veces, porque lo que sentías era rabia y enfado. Y ella intentaba calmarte halagando tus oídos con frases como “tú eres muy buena persona”, “tú lo puedes entender”, “esto es lo que espero de ti”. Así era en muchos casos la relación con la madre cuando yo era pequeño, pero incluyo también la relación con el padre porque, en general, estaba cortada por el mismo patrón en aquellos casos en que el padre no era el típico ogro malhumorado o el tradicional padre ausente del hogar excepto para proveer de medios dinerarios a la familia.
Con ese patrón de abnegación y desprendimiento, hemos ido creciendo y conviviendo más o menos bien, pero sin librarnos del todo de los episodios de enfado que en muchos casos sucedían a los actos de generosidad más o menos voluntaria. ¿Y por qué pasaba esto? Pues porque, para mí, en estos casos no se trataba de una verdadera generosidad, sino de una conducta para contentar a los padres o para conseguir que los destinatarios de nuestros actos estuvieran bien. Y eso a costa de no plantearnos a nosotros mismos cuestiones que considero fundamentales para sentirnos bien.
Mi opinión sobre este particular es que cuando seguíamos, de niños, los dictados de nuestros padres tal como los he descrito, lo que hacíamos era complacerlos, sin más, prescindiendo de cuál pudiera ser la necesidad nuestra que teníamos que atender para llegar a encontrarnos bien. Y si lo seguimos haciendo, ya de adultos, con nuestra pareja, con los padres, con los amigos, etc., seguimos complaciendo igual que cuando éramos niños.
Por otra parte, no hay que pasar por alto otro detalle y es que si complacer es someter nuestra posibilidad de ser felices por nosotros mismos a cómo se sientan los demás, también es cierto que complacer es también una forma de manipulación por nuestra parte, o sea, una instrumentalización que hacemos de los demás porque los usamos para podernos sentir bien, aunque sea inconscientemente y con actos de aparente generosidad. ¿Pero cómo podemos dejar de complacer, y de manipular a los demás para que nos hagan sentirnos felices?
A mi entender, la respuesta es: siendo auténticos. Estoy convencido de que el mejor servicio que nos podemos hacer a nosotros mismos y a los otros es ser auténticos.
Cada uno es como es. Somos individuos únicos e irrepetibles. Tenemos derecho a esa individualidad, a ser como somos y a que todo el mundo respete esa individualidad. Esa es la clave. ¿Y qué nos ha pasado a lo largo de la vida? Que no se nos han reconocido o respetado del todo esos derechos. A nuestros educadores, les daban miedo nuestra peculiaridad, nuestras diferencias. Por todos los medios, intentaban reducirnos a un común denominador, esto es, al patrón estándar, a lo que se entendía que era correcto y adecuado pedagógicamente. Y este factor, por sí mismo, ya ha sido capaz de crearnos muchos conflictos emocionales que han pervivido hasta nuestra vida adulta. Si no es así, ¿cómo es que hay tantas personas con problemas de autoestima? ¿Quién les hizo sentir –aunque fuera involuntariamente- que no eran buenas personas porque eran rebeldes, poco dóciles o que tenían conductas divergentes?
Ahora bien, tengo que añadir a todo lo anterior que ser auténtico no quiere decir en ningún caso no respetar a los demás ni no ser generosos. En cuanto a lo primero, creo que ser auténtico, como quiera que se trata de ejercer el derecho a serlo, te enseña y te lleva directamente a respetar el mismo derecho en todas las personas. Y en cuanto a lo segundo, estoy convencido de que la verdadera generosidad surge espontáneamente, de manera natural, del fondo del corazón de todo ser humano cuando se disfruta de bienestar emocional, cuando uno está bien situado emocionalmente, circunstancia que sólo puede darse si uno se tiene cuenta a sí mismo y se respeta a sí mismo haciendo que los demás le respeten a uno como es.
Está claro que no podemos dar lo que no tenemos y que, en cambio, podemos dar lo que tenemos, solamente lo que tenemos. Por eso, entiendo que podemos ser generosos y dar lo mejor de nosotros mismos a los demás si conseguimos ser nosotros mismos y si tenemos en cuenta nuestras necesidades emocionales; pero no seremos generosos auténticamente y no obtendremos el deseado bienestar emocional si nuestros actos de generosidad se basan en seguir los dictados del deber o en complacer.
Somos personas, individuos humanos, y tenemos derecho a ser felices. Y para conseguirlo, hemos de seguir dos vías en paralelo: una, teniéndonos en cuenta a nosotros mismos (recuperando la parte de autoestima que hemos ido perdiendo con la educación que hemos recibido) y la otra, teniendo en cuenta a los otros, respetándolos. Si bien, hace falta insistir en que lo primero de todo, para poder estar bien situados emocionalmente, es conectar con nuestras necesidades emocionales individuales y darles prioridad por delante y por encima de las necesidades de los demás (naturalmente, me refiero a la relación entre adultos, no con los niños). Y eso no quita que, desde nuestro bienestar básico, podamos dedicarnos todo lo que deseemos a ayudar a los demás sinceramente, pues en eso consiste para mí, precisamente, la verdadera generosidad, la que surge de un corazón que vive emocionalmente en paz.
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