El amigo Eduard, que sigue nuestro blog, me envía esto:
Els buddhistes de Ceilan canten
Puññameva so sikkheyya
āyataggaṃ sukhudrayaṃ.
Dānañca samacariyañca,
Els Theravades anglesos expliquen
Train yourself in doing good
that lasts and brings happiness.
Cultivate generosity, the life of peace,
and a mind of boundless love.
Els spanish yoguis diuen
La bondad porta la felicitat.
La generositat, una vida de pau
i una ment d’amor sense límit.
Es tracta d'un espai comú, de naturalesa virtual, on cadascun dels lectors/participants pot reflexionar davant dels altres, des de la seva experiència personal, sobre com podem anar cap al benestar emocional i cap a la felicitat / Se trata de un espacio común, de naturaleza virtual, en donde cada uno de los lectores/participantes puede reflexionar ante los demás, desde su experiencia personal, sobre cómo podemos ir hacia el bienestar emocional y hacia la felicidad
domingo, 28 de febrero de 2010
ANDREA Y LA MUERTE
Hola Chesus!
Y tanto que me ayudan tus reflexiones! Intento abrir tus correos en un momento en que pueda leérmelos con tranquilidad y captar todo lo que quieres comunicarnos; hasta cojo apuntes y todo (de verdad!)
Me ha sorprendido al principio (viniendo de ti) el título "Muerte y Vida", pero a medida que he ido leyendo ya he visto que está en tu linea de ver las cosas de forma positiva y hasta me atrevo a decir incluso "educativa"
Cada vez me está apeteciendo más hacer una terapia de esas que comentas. Hoy precisamente he ido a desayunar con una amiguita que ha hecho una "constelación familiar" (se dice así?) y le ha gustado mucho la experiencia.
Este tema de la muerte ya sabes tú que no lo llevo muy bien. Estoy convencida de que yo aún tengo dentro la pena por la muerte de mi madre y es algo que debo sacar de alguna manera. Por otro lado también me ayudaría a mejorar la relación con mi padre y mi suegra . No sé que me pasa ultimamente con las personas mayores que me sacan de quicio, no tengo paciencia con ellos (incluso en el trabajo) y me sabe mal la verdad.
Totalmente de acuerdo contigo Chesus en que si tienes paz en el corazón todas estas experiencias que en cierto modo pueden ser "traumáticas" se llevan y se superan de otra manera totalmente diferente a la que estamos habituados por la educación inculcada. Sé que en otros paises el paso.........a la otra vida se "vive" de forma muy diferente a la nuestra.
Bueno, ya seguiremos hablando. Que sepas que eres de las pocas personas que me hacen pensar en todas estas cosas ........ y me gusta poder hacerlo de vez en cuando!.
Besicos
Y tanto que me ayudan tus reflexiones! Intento abrir tus correos en un momento en que pueda leérmelos con tranquilidad y captar todo lo que quieres comunicarnos; hasta cojo apuntes y todo (de verdad!)
Me ha sorprendido al principio (viniendo de ti) el título "Muerte y Vida", pero a medida que he ido leyendo ya he visto que está en tu linea de ver las cosas de forma positiva y hasta me atrevo a decir incluso "educativa"
Cada vez me está apeteciendo más hacer una terapia de esas que comentas. Hoy precisamente he ido a desayunar con una amiguita que ha hecho una "constelación familiar" (se dice así?) y le ha gustado mucho la experiencia.
Este tema de la muerte ya sabes tú que no lo llevo muy bien. Estoy convencida de que yo aún tengo dentro la pena por la muerte de mi madre y es algo que debo sacar de alguna manera. Por otro lado también me ayudaría a mejorar la relación con mi padre y mi suegra . No sé que me pasa ultimamente con las personas mayores que me sacan de quicio, no tengo paciencia con ellos (incluso en el trabajo) y me sabe mal la verdad.
Totalmente de acuerdo contigo Chesus en que si tienes paz en el corazón todas estas experiencias que en cierto modo pueden ser "traumáticas" se llevan y se superan de otra manera totalmente diferente a la que estamos habituados por la educación inculcada. Sé que en otros paises el paso.........a la otra vida se "vive" de forma muy diferente a la nuestra.
Bueno, ya seguiremos hablando. Que sepas que eres de las pocas personas que me hacen pensar en todas estas cosas ........ y me gusta poder hacerlo de vez en cuando!.
Besicos
BEA
Siempre me produce bienestar leer tus reflexiones ... , pero de lo que no estoy tan segura es de saber aplicármelas a mi misma. Supongo que todos aspiramos a tener paz interior, pero no siempre es posible; unas veces tienes problemas en el trabajo, otras con la familia...
Ahora mismo mi padre tiene un estado de salud muy delicado, últimamente ha ingresado dos veces en el hospital y los pronósticos no son muy buenos. A él lo noto muy sereno, lo que nos hace mas fácil el problema , pero los hermanos tenemos que gestionar nuestros sentimientos hacia mi padre y además solucionar la situación con respecto a su cuidado , que no es tarea fácil.
Bueno lo que quiero decir es que no siempre es tarea fácil tener paz en tu interior.
20/02/10
BEA
La palabra "fácil" tiene relación con "tener que esforzarse". Según me han enseñado (e intuyo) cuando estás en el bienestar,con paz interior, no tienes el sentimiento de hacer esfuerzos. Por tanto, estamos hablando de un objetivo, de una meta: estar bien, tener bienestar, tener paz en el corazón. Y es obvio que, mientras no estemos suifcientemente bien, tendremos que aplicarnos con esfuerzo a resolver las cosas que vayan surgiendo. Sin embargo, es importante no perder el norte y tomar resueltamente la decisión de "estar bien" gestionando nuestras emociones adecuadamente ya desde ahora, porque si esperamos a hacerlo cuando surjan los problemas, no sabremos cómo.
A mi modo de ver, lo que hace difícil la "gestión" de la enfermedad de los padres cuando son mayores o están muy enfermos, es todo lo que no hemos hecho bien emocionalmente ellos (los padres y los hermanos) y nosotros con anterioridad. Afrontar eso con realismo requiere valor e inteligencia. Por eso abrí este Blog, para que hablemos de cómo ser cada día más inteligentes emocionalmente.
Gracias, Bea, por tu comentario sobre mis reflexiones.
Besos
Ahora mismo mi padre tiene un estado de salud muy delicado, últimamente ha ingresado dos veces en el hospital y los pronósticos no son muy buenos. A él lo noto muy sereno, lo que nos hace mas fácil el problema , pero los hermanos tenemos que gestionar nuestros sentimientos hacia mi padre y además solucionar la situación con respecto a su cuidado , que no es tarea fácil.
Bueno lo que quiero decir es que no siempre es tarea fácil tener paz en tu interior.
20/02/10
BEA
La palabra "fácil" tiene relación con "tener que esforzarse". Según me han enseñado (e intuyo) cuando estás en el bienestar,con paz interior, no tienes el sentimiento de hacer esfuerzos. Por tanto, estamos hablando de un objetivo, de una meta: estar bien, tener bienestar, tener paz en el corazón. Y es obvio que, mientras no estemos suifcientemente bien, tendremos que aplicarnos con esfuerzo a resolver las cosas que vayan surgiendo. Sin embargo, es importante no perder el norte y tomar resueltamente la decisión de "estar bien" gestionando nuestras emociones adecuadamente ya desde ahora, porque si esperamos a hacerlo cuando surjan los problemas, no sabremos cómo.
A mi modo de ver, lo que hace difícil la "gestión" de la enfermedad de los padres cuando son mayores o están muy enfermos, es todo lo que no hemos hecho bien emocionalmente ellos (los padres y los hermanos) y nosotros con anterioridad. Afrontar eso con realismo requiere valor e inteligencia. Por eso abrí este Blog, para que hablemos de cómo ser cada día más inteligentes emocionalmente.
Gracias, Bea, por tu comentario sobre mis reflexiones.
Besos
LA EMPATÍA
10-02-28
A mí me ha costado bastantes años darme cuenta de lo siguiente:
En contra de lo que yo mismo podía pensar, a lo largo de la vida, y principalmente, no me he relacionado, desde el punto de vista emocional, con las personas consideradas en sí mismas como individuos únicos e irrepetibles, sino más bien con las personas previamente etiquetadas por mí, o incluso directamente con las propias etiquetas (o sea, con los personajes que yo me había creado en relación con ellas). Me refiero a que he seguido el uso muy extendido entre los humanos de ver en los otros: hombres o mujeres, de nuestro país o de fuera de él, jóvenes o mayores, guapos o feos, limpios o sucios, educados o groseros, jefes o subordinados, cultos o incultos, etc., en vez de los individuos como tales, sin etiquetas. Y eso es lo que hacemos con tanta habitualidad y normalidad, que no nos llegamos a dar ni cuenta. Por lo menos es lo que he podido experimentar en mi caso. Y sobre eso querría reflexionar hoy.
Sucede a menudo que mientras alguna persona nos habla, solemos dar vueltas a cómo es, a cómo está actuando, incluso a cuáles pueden ser sus intenciones al hablarnos, dejando de lado que podemos escucharla y que hasta podemos entenderla. Y también se da el caso de personas que, cuando les hablan de algo sobre una tercera persona, lo primero que hacen, sin apercibirse de ello, es etiquetarla. Si le dicen que se siente enferma, por ejemplo, puede opinar inmediatamente que es débil, que se queja mucho, que no se cuida suficientemente, etc.
O sea que, en los dos casos, establecemos un tipo de relación basado más en nuestros prejuicios o en nuestras apreciaciones subjectivas, que en la persona considerada en sí, individualmente. Y de tal manera lo hacemos así que muchas veces ni escuchamos lo que nos está diciendo el otro, porque tenemos la mente ocupada en nuestras propias valoraciones.
Digo esto porque ahora que está de moda hablar de la empatía, pienso que podemos mejorar emocionalmente si prestamos más atención a las personas en cuanto tales, porque no es posible, si no, llegar a sentir empatía con ellas, entendida como capacidad de entender lo que el otro dice y de ponerse en su lugar. Está claro para mí que si me dedico a especular sobre lo que a mí me parece que es la persona que me habla, será difícil que pueda congeniar con ella o hacerme cargo emocionalmente de lo que le sucede y de lo que puede estar intentando comunicarme.
Los otros, pues, son también una ocasión para que aprendamos a eliminar las trabas que nos impiden empatizar.
A estos efectos, quiero poner un ejemplo. Imaginemos que viene una persona a hablarnos y que, nada más verla venir, lo primero que pensamos es que es muy pesada, pues bien, a pesar de ello, es muy probable que (por educación –según suele decirse) tendamos, sin más, a aguantar lo que nos dice y, en consecuencia, no podremos conectar emocionalmente con ella ni con lo que nos intenta decir. Y yo he aprendido, a este respecto, que no hay nada que canse más que aguantar, y que, al final, aguantar genera rabia.
En cambio, creo que podemos aprender a no aguantar y a ser más auténticos reconociendo internamente, en primer lugar, que aquella persona nos parece pesada, e intentando no hacer ver que la escuchamos, para complacerla. Podemos ser sinceros, sin ser bruscos. Podemos escuchar las primeras palabras de aquello que nos quiera decir, y si es un asunto que no nos concierne o no nos va bien, podemos decírselo con suavidad, adecuadamente, pero con autenticidad y sinceridad. De esta manera sí que la estaremos teniendo en cuenta y la estaremos escuchando de verdad (aunque sea sólo unos minutos) y, por tanto, podremos empatizar con ella en ese momento. Y eso llena mucho emocionalmente.
En cambio, si la vemos llegar y con lo primero que conectamos es con la idea que tenemos de que es muy pesada (y no podemos huir –permitidme la broma) pero tampoco tenemos el valor de intentar ser auténticos, lo que haremos probablemente será aguantar el “chorreo”, no enterarnos de nada de lo que nos dice y enfadarnos con ella y, al final, con nosotros mismos también.
Está claro que en esta reflexión vuelven a salir temas a los que me he referido en otras ocasiones: ser auténticos, no complacer, la conexión emocional, la rabia, etc., pero la novedad está en el asunto de la empatía. Actuar con empatía, para mí, significa una aplicación práctica del Yo bien y Tú bien. Es decir, tú me hablas y yo te escucho hasta donde creo que te tengo que escuchar, pero te escucho de verdad, atentamente, y eso puede producir una conexión entre los dos que me permitirá entenderte y poder ponerme en tu lugar.
En mi trabajo profesional, sobre todo, procuro estar bien atento a todo esto, y a veces me ocurre que me viene a ver una persona y -¡zas!- ya estoy conectando con mis ideas previas sobre ella. Entonces, si me doy cuenta de ello, procuro relajarme y escuchar lo que quiere decirme. Pero, al mismo tiempo, me digo a mí mismo: escuchar no es complacer; si no te va bien lo que quiere comentar contigo o el modo cómo lo quiere comentar, tienes todo el derecho del mundo a decírselo, con suavidad y educadamente; de esa manera, serás más auténtico y estarás a gusto contigo mismo. Y en función de eso, actúo.
Me suele funcionar, aunque he de reconocer que algunas veces se altera mi pulso y que siento tensión emocional.
Este es un ejemplo de lo que yo entiendo por actuar desde el Yo bien y Tú bien.
A mí me ha costado bastantes años darme cuenta de lo siguiente:
En contra de lo que yo mismo podía pensar, a lo largo de la vida, y principalmente, no me he relacionado, desde el punto de vista emocional, con las personas consideradas en sí mismas como individuos únicos e irrepetibles, sino más bien con las personas previamente etiquetadas por mí, o incluso directamente con las propias etiquetas (o sea, con los personajes que yo me había creado en relación con ellas). Me refiero a que he seguido el uso muy extendido entre los humanos de ver en los otros: hombres o mujeres, de nuestro país o de fuera de él, jóvenes o mayores, guapos o feos, limpios o sucios, educados o groseros, jefes o subordinados, cultos o incultos, etc., en vez de los individuos como tales, sin etiquetas. Y eso es lo que hacemos con tanta habitualidad y normalidad, que no nos llegamos a dar ni cuenta. Por lo menos es lo que he podido experimentar en mi caso. Y sobre eso querría reflexionar hoy.
Sucede a menudo que mientras alguna persona nos habla, solemos dar vueltas a cómo es, a cómo está actuando, incluso a cuáles pueden ser sus intenciones al hablarnos, dejando de lado que podemos escucharla y que hasta podemos entenderla. Y también se da el caso de personas que, cuando les hablan de algo sobre una tercera persona, lo primero que hacen, sin apercibirse de ello, es etiquetarla. Si le dicen que se siente enferma, por ejemplo, puede opinar inmediatamente que es débil, que se queja mucho, que no se cuida suficientemente, etc.
O sea que, en los dos casos, establecemos un tipo de relación basado más en nuestros prejuicios o en nuestras apreciaciones subjectivas, que en la persona considerada en sí, individualmente. Y de tal manera lo hacemos así que muchas veces ni escuchamos lo que nos está diciendo el otro, porque tenemos la mente ocupada en nuestras propias valoraciones.
Digo esto porque ahora que está de moda hablar de la empatía, pienso que podemos mejorar emocionalmente si prestamos más atención a las personas en cuanto tales, porque no es posible, si no, llegar a sentir empatía con ellas, entendida como capacidad de entender lo que el otro dice y de ponerse en su lugar. Está claro para mí que si me dedico a especular sobre lo que a mí me parece que es la persona que me habla, será difícil que pueda congeniar con ella o hacerme cargo emocionalmente de lo que le sucede y de lo que puede estar intentando comunicarme.
Los otros, pues, son también una ocasión para que aprendamos a eliminar las trabas que nos impiden empatizar.
A estos efectos, quiero poner un ejemplo. Imaginemos que viene una persona a hablarnos y que, nada más verla venir, lo primero que pensamos es que es muy pesada, pues bien, a pesar de ello, es muy probable que (por educación –según suele decirse) tendamos, sin más, a aguantar lo que nos dice y, en consecuencia, no podremos conectar emocionalmente con ella ni con lo que nos intenta decir. Y yo he aprendido, a este respecto, que no hay nada que canse más que aguantar, y que, al final, aguantar genera rabia.
En cambio, creo que podemos aprender a no aguantar y a ser más auténticos reconociendo internamente, en primer lugar, que aquella persona nos parece pesada, e intentando no hacer ver que la escuchamos, para complacerla. Podemos ser sinceros, sin ser bruscos. Podemos escuchar las primeras palabras de aquello que nos quiera decir, y si es un asunto que no nos concierne o no nos va bien, podemos decírselo con suavidad, adecuadamente, pero con autenticidad y sinceridad. De esta manera sí que la estaremos teniendo en cuenta y la estaremos escuchando de verdad (aunque sea sólo unos minutos) y, por tanto, podremos empatizar con ella en ese momento. Y eso llena mucho emocionalmente.
En cambio, si la vemos llegar y con lo primero que conectamos es con la idea que tenemos de que es muy pesada (y no podemos huir –permitidme la broma) pero tampoco tenemos el valor de intentar ser auténticos, lo que haremos probablemente será aguantar el “chorreo”, no enterarnos de nada de lo que nos dice y enfadarnos con ella y, al final, con nosotros mismos también.
Está claro que en esta reflexión vuelven a salir temas a los que me he referido en otras ocasiones: ser auténticos, no complacer, la conexión emocional, la rabia, etc., pero la novedad está en el asunto de la empatía. Actuar con empatía, para mí, significa una aplicación práctica del Yo bien y Tú bien. Es decir, tú me hablas y yo te escucho hasta donde creo que te tengo que escuchar, pero te escucho de verdad, atentamente, y eso puede producir una conexión entre los dos que me permitirá entenderte y poder ponerme en tu lugar.
En mi trabajo profesional, sobre todo, procuro estar bien atento a todo esto, y a veces me ocurre que me viene a ver una persona y -¡zas!- ya estoy conectando con mis ideas previas sobre ella. Entonces, si me doy cuenta de ello, procuro relajarme y escuchar lo que quiere decirme. Pero, al mismo tiempo, me digo a mí mismo: escuchar no es complacer; si no te va bien lo que quiere comentar contigo o el modo cómo lo quiere comentar, tienes todo el derecho del mundo a decírselo, con suavidad y educadamente; de esa manera, serás más auténtico y estarás a gusto contigo mismo. Y en función de eso, actúo.
Me suele funcionar, aunque he de reconocer que algunas veces se altera mi pulso y que siento tensión emocional.
Este es un ejemplo de lo que yo entiendo por actuar desde el Yo bien y Tú bien.
domingo, 21 de febrero de 2010
ARIADNA
10-02-20
Ariadna es una lectora del blog con la que hasta ahora me escribía solamente por correo electrónico (igual que pasaba con Andrea). A partir de este momento, estoy autorizado a publicar sus textos.
En su primer correo (como todos los suyos, escrito en catalán), me planteó cosas muy interesantes: La aceptación de lo que nos sucede para evitar pensamientos negativos; la ayuda que nos reporta reconocer nuestras propias emociones y darles salida; confiar en determinadas personas pero teniendo en cuenta el entorno; aceptar lo que no nos gusta de nosotros mismos; tener presente una relación de nuestros derechos como personas; e igualmente por lo que respecta a los deberes; el asunto de la cortesía y de las buenas maneras; etc.
Le contesté dándole mi opinión y ella me respondió con otro mensaje. Todos ellos los reproduzco en su idioma original. Si alguien tiene problemas de comprensión sobre algún texto, estaría bien que me lo dijera y yo, con mucho gusto, se lo traduciré al castellano.
31 de gener de 2010
Jesús,
Està molt bé el blog. Són exemples molt senzills però útils.
Acceptar el què ens passa, evitaria pensaments negatius que poden provocar malalties.
Reconèixer les pròpies emocions, i donar-los una via de sortida (parlar-ne amb algú amb qui confiem, acceptar-les sense perdre el sentit de l'entorn).
Acceptar també allò que no ens agrada del que som, o ens toca viure, perquè reaccionar també ens conforma com a persones, i ens fa més humils i per això millors.
Pensar en una relació de drets (al silenci, a la comunicació, a sentir-nos útils, bells i valuosos, a triar els amics, a la felicitat, a aprendre dels fracassos,...)
I pensar també en una sèrie de deures: conservar el somriure, actuar amb dolcesa, mantenir la calma,...
La cortesia és un deure; el tacte i les bones maneres fan que tot resulti millor, i més fàcil. La pràctica, tan necessària, de tenir en compte l'altre, veure la seva vàlua, i admirar-lo i respectar-lo per això, personalment, professionalment, socialment...
4 de febrer de 2010
Gràcies pels teus comentaris sobre el blog.
Són moltes les coses interessants que em comentes.
Acceptar i comunicar les pròpies emocions per donar-los sortida. És veritat. Sovint ens passa que ens tanquem massa (per por) i això no ens va bé. Em fa gràcia, però, aquesta frase teva de : sense perdre el sentit de l'entorn. No acabo d'entendre del tot què vols dir amb això. Vols dir de comunicar-les només a les persones que es mereixin confiança?
Una altra cosa molt interessant és sentir -com tu dius- que tenim drets, el primer dels quals és a existir i a ser respectats tal com som. No et sembla? I el segon, per mi, a triar lliurement què volem fer i què no volem fer.
En canvi, no acabo d'estar d'acord amb tu en que tinguem el "deure" de somriure, de ser dolços i calmats,. etc. No creus que són més aviat drets que els altres han de respectar?
Per mi, tenir en compte els altres sí que és un deure (que lliga amb el de respectar-los tal com són) no només una cortesia. Una altra cosa és que la cortesia (la suavitat) pugui ajudar a relacionar-nos millor, ara bé sempre i quan la cortesia vagi lligada a l'autenticitat, és a dir, deslligada del complaure i de fer les coses malgrat que en el fons no les vulguem fer.
En fi, si vols, i a poc a poc, podem anar parlant d'aquestes coses que veig que ens interessen a tots dos.
Gràcies per tot.
Petons.
Jesús
4 de febrer de 2010
Jesús,
En relació al teu missatge, et contesto per apartats (si et va bé):
Sí, volia dir que no hem d'oblidar que l'entorn sempre ens condiciona, i que l'hem de tenir present. No puc recordar qui deia que 'l'atmosfera és l'ànima de les coses". Penso que massa gent oblida que, a part un mateix, cal tenir molt en compte l'entorn. No vivim sols, i encara hem d'aprendre moltes coses.
Els drets. D'acord amb tu que el primer, i fonamental, és el d'existir i ser respectats. Els que jo posava a la llista anirien en el teu segon bloc: el que tu dius "triar lliurement...". Vull dir que sí, però que cal fer l'esforç, o l'exercici, de triar-los, precisar-los i recordar-los. I que també pot incloure el de canviar-los.
Els deures. La cortesia,la urbanitat, la dolcesa... em semblen imprescindibles per a respirar, no són només una "ajuda", crec que són fonamentals i es practiquen poc perquè no es prenen com un deure. Aquests deures supleixen la manca d'afecte, o de comprensió, o de virtut, perquè no podem comprendre-ho tot, ni estimar-ho tot, ni encertar-ho tot perquè som limitats.
Una abraçada,
Ariadna es una lectora del blog con la que hasta ahora me escribía solamente por correo electrónico (igual que pasaba con Andrea). A partir de este momento, estoy autorizado a publicar sus textos.
En su primer correo (como todos los suyos, escrito en catalán), me planteó cosas muy interesantes: La aceptación de lo que nos sucede para evitar pensamientos negativos; la ayuda que nos reporta reconocer nuestras propias emociones y darles salida; confiar en determinadas personas pero teniendo en cuenta el entorno; aceptar lo que no nos gusta de nosotros mismos; tener presente una relación de nuestros derechos como personas; e igualmente por lo que respecta a los deberes; el asunto de la cortesía y de las buenas maneras; etc.
Le contesté dándole mi opinión y ella me respondió con otro mensaje. Todos ellos los reproduzco en su idioma original. Si alguien tiene problemas de comprensión sobre algún texto, estaría bien que me lo dijera y yo, con mucho gusto, se lo traduciré al castellano.
31 de gener de 2010
Jesús,
Està molt bé el blog. Són exemples molt senzills però útils.
Acceptar el què ens passa, evitaria pensaments negatius que poden provocar malalties.
Reconèixer les pròpies emocions, i donar-los una via de sortida (parlar-ne amb algú amb qui confiem, acceptar-les sense perdre el sentit de l'entorn).
Acceptar també allò que no ens agrada del que som, o ens toca viure, perquè reaccionar també ens conforma com a persones, i ens fa més humils i per això millors.
Pensar en una relació de drets (al silenci, a la comunicació, a sentir-nos útils, bells i valuosos, a triar els amics, a la felicitat, a aprendre dels fracassos,...)
I pensar també en una sèrie de deures: conservar el somriure, actuar amb dolcesa, mantenir la calma,...
La cortesia és un deure; el tacte i les bones maneres fan que tot resulti millor, i més fàcil. La pràctica, tan necessària, de tenir en compte l'altre, veure la seva vàlua, i admirar-lo i respectar-lo per això, personalment, professionalment, socialment...
4 de febrer de 2010
Gràcies pels teus comentaris sobre el blog.
Són moltes les coses interessants que em comentes.
Acceptar i comunicar les pròpies emocions per donar-los sortida. És veritat. Sovint ens passa que ens tanquem massa (per por) i això no ens va bé. Em fa gràcia, però, aquesta frase teva de : sense perdre el sentit de l'entorn. No acabo d'entendre del tot què vols dir amb això. Vols dir de comunicar-les només a les persones que es mereixin confiança?
Una altra cosa molt interessant és sentir -com tu dius- que tenim drets, el primer dels quals és a existir i a ser respectats tal com som. No et sembla? I el segon, per mi, a triar lliurement què volem fer i què no volem fer.
En canvi, no acabo d'estar d'acord amb tu en que tinguem el "deure" de somriure, de ser dolços i calmats,. etc. No creus que són més aviat drets que els altres han de respectar?
Per mi, tenir en compte els altres sí que és un deure (que lliga amb el de respectar-los tal com són) no només una cortesia. Una altra cosa és que la cortesia (la suavitat) pugui ajudar a relacionar-nos millor, ara bé sempre i quan la cortesia vagi lligada a l'autenticitat, és a dir, deslligada del complaure i de fer les coses malgrat que en el fons no les vulguem fer.
En fi, si vols, i a poc a poc, podem anar parlant d'aquestes coses que veig que ens interessen a tots dos.
Gràcies per tot.
Petons.
Jesús
4 de febrer de 2010
Jesús,
En relació al teu missatge, et contesto per apartats (si et va bé):
Sí, volia dir que no hem d'oblidar que l'entorn sempre ens condiciona, i que l'hem de tenir present. No puc recordar qui deia que 'l'atmosfera és l'ànima de les coses". Penso que massa gent oblida que, a part un mateix, cal tenir molt en compte l'entorn. No vivim sols, i encara hem d'aprendre moltes coses.
Els drets. D'acord amb tu que el primer, i fonamental, és el d'existir i ser respectats. Els que jo posava a la llista anirien en el teu segon bloc: el que tu dius "triar lliurement...". Vull dir que sí, però que cal fer l'esforç, o l'exercici, de triar-los, precisar-los i recordar-los. I que també pot incloure el de canviar-los.
Els deures. La cortesia,la urbanitat, la dolcesa... em semblen imprescindibles per a respirar, no són només una "ajuda", crec que són fonamentals i es practiquen poc perquè no es prenen com un deure. Aquests deures supleixen la manca d'afecte, o de comprensió, o de virtut, perquè no podem comprendre-ho tot, ni estimar-ho tot, ni encertar-ho tot perquè som limitats.
Una abraçada,
viernes, 19 de febrero de 2010
MUERTE Y VIDA/VIDA Y MUERTE
10-02-20
Reflexiono hoy sobre este asunto con motivo de la muerte de la madre de una amiga, que se produjo ayer mismo.
¿Cómo afrontar la muerte? ¿Cómo afrontar la enfermedad grave? ¿Cómo afrontar el dolor? Son preguntas claves para la humanidad y también para quienes, como yo, queremos vivir con bienestar (la felicidad).
Mi padre murió cuando yo tenía 22 años, y el sentimiento que me dejó esa muerte fue la soledad y la orfandad. Imagino que si hubiera sido mi madre la que hubiera muerto entonces, me habría dejado, por lo menos el mismo sentimiento. Pues bien, durante muchos años de los transcurridos desde entonces hasta el día de hoy, los he vivido con esos sentimientos persistentes en mi corazón. Sólo recientemente, y gracias a las terapias emocionales, he comenzado a enfocar la muerte de otra manera y, por tanto (o al revés) la muerte.
Estoy convencido de se puede vivir la vida como una sucesión de momentos en que uno no le da la espalda a nada de lo que le ocurre, pero tampoco permite que sean los acontecimientos los que dominen su vida. Para mí, hay algo que está por encima de la muerte y de los sucesos dolorosos, algo que podríamos denominar: paz en el corazón.
No hay paz en nuestro corazón cuando, exageradamente, tememos no llegar a tener lo que deseamos, o lamentamos que los demás tengan lo que nosotros no tenemos, o cuando nos da miedo afrontar nuestra propia situación negativa en relación con los demás. No hay paz en nuestro corazón cuando nuestra ambición no nos deja sosegarnos, cuando enfocamos nuestras vidas como una competición de poder frente los otros, o cuando para estar bien necesitamos que alguien esté mal. Y no hay paz en nuestro corazón cuando no sabemos vivir solos con nosotros mismos y andamos siempre necesitados de que otras personas nos saquen de la soledad o de otras situaciones que vivimos negativamente. Porque nuestro corazón únicamente podrá acoger la paz cuando hayamos decidido vivir nuestras vidas desde ser nosotros mismos, de forma auténtica, sin miedos neuróticos, sin dependencias neuróticas, centrados en lo que somos y sintiéndonos a gusto con nosotros mismos.
Mi experiencia personal es que no supe reaccionar de forma adulta (y, por tanto, serena y consciente a la vez) frente a la muerte de mi padre porque en mi juventud no tenía suficiente paz en mi corazón. Y hablo de una paz que nada tiene que ver con la resignación ni con el auto consuelo filosófico o religioso.
Yo estoy a punto de entrar en la fase decisiva de mi vida, es decir en lo que podríamos llamar el último tercio de mi vida, y soy consciente de que lo más probable es que tarde o temprano me toque pasar por alguna dolencia crónica, grave, o quizás aguda; y naturalmente, sé que el final de mi vida está más cerca que hace 20 años por decir algo. Si viviera estas circunstancias sin bienestar interior suficiente, seguro que lo iba a pasar mal de verdad y quizás me desesperaría. Sin embargo, estoy trabajando emocionalmente para vivir mejor mi vida y sé que eso va a hacer que pueda vivir mejor, cuando lleguen, las enfermedades y la muerte (ésta última, sobre todo, si se produce de forma que sea consciente de ella).
Hace muchos años (tantos que todavía no me había iniciado en el mundo de las terapias) que digo, en plan de broma, lo siguiente: “Yo quiero morirme en perfecto estado de salud porque me parece una vulgaridad morirse hecho polvo”. En realidad, comencé refiriéndome solamente a la salud física, pero hace ya tiempo que incluí en el dicho la salud emocional.
Para mí, pues, si quieres preparar una correcta actitud ante la enfermedad y para el final de la vida (lo que llamamos muerte) te tienes que preparar (y dedicar) correctamente para vivir la vida actual. Ya sé que habrá muchas personas que hoy por hoy no pueden llega a comprender (sentir, prefiero decir) profundamente esto que estoy escribiendo, porque, a mi entender, no tienen por ahora una buena conexión interior consigo mismas, pero puede que algunos de los lectores del blog puedan sentir lo mismo que yo. Sé que amiga pasará unos momentos muy amargos durante este fin de semana, pero también sé, porque creo conocerla bien, que está preparada para no perder la conexión con su propio interior y que en su corazón ha ido atesorando en los últimos tiempos los frutos de su autenticidad, de su valor como persona, de su respeto hacia sí misma y hacia los demás, de la aplicación práctica de su inteligencia emocional, y que con esos frutos en su corazón va a poder hacer frente a la muerte de su madre desde su amor de hija lleno de ternura y con suficiente paz en su corazón.
A mi entender, ha sido y es nuestra propia ignorancia como humanos la que ha hecho que centremos mucho más nuestra atención en lo que denominamos muerte que en lo que conocemos como vida, sin darnos cuenta de que vida y muerte no existen por separado, sino que es una distinción que hemos hecho mentalmente y, en consecuencia, emocionalmente. Hay todo un mundo de tradiciones culturales sobre la muerte que pesan como una losa sobre nuestras cabezas y sobre nuestros corazones, pero lo cierto es, a mi juicio, que podemos vivir la vida de otra manera a como nos la han enseñado y que podemos vivir la muerte de otra manera a como nos la han enseñado. Por eso es aquí y ahora, en este mismo instante, que podemos decidir ESTAR BIEN, o sea, conseguir que haya paz en nuestro corazón, y de esa manera vivir adecuadamente la vida y la muerte, o la muerte y la vida, como queramos llamar a este binomio que es una sola realidad.
A mí me ayudan mucho estas reflexiones que hago en el blog. Espero que a algunos (o a todos) los lectores también os ayuden.
Reflexiono hoy sobre este asunto con motivo de la muerte de la madre de una amiga, que se produjo ayer mismo.
¿Cómo afrontar la muerte? ¿Cómo afrontar la enfermedad grave? ¿Cómo afrontar el dolor? Son preguntas claves para la humanidad y también para quienes, como yo, queremos vivir con bienestar (la felicidad).
Mi padre murió cuando yo tenía 22 años, y el sentimiento que me dejó esa muerte fue la soledad y la orfandad. Imagino que si hubiera sido mi madre la que hubiera muerto entonces, me habría dejado, por lo menos el mismo sentimiento. Pues bien, durante muchos años de los transcurridos desde entonces hasta el día de hoy, los he vivido con esos sentimientos persistentes en mi corazón. Sólo recientemente, y gracias a las terapias emocionales, he comenzado a enfocar la muerte de otra manera y, por tanto (o al revés) la muerte.
Estoy convencido de se puede vivir la vida como una sucesión de momentos en que uno no le da la espalda a nada de lo que le ocurre, pero tampoco permite que sean los acontecimientos los que dominen su vida. Para mí, hay algo que está por encima de la muerte y de los sucesos dolorosos, algo que podríamos denominar: paz en el corazón.
No hay paz en nuestro corazón cuando, exageradamente, tememos no llegar a tener lo que deseamos, o lamentamos que los demás tengan lo que nosotros no tenemos, o cuando nos da miedo afrontar nuestra propia situación negativa en relación con los demás. No hay paz en nuestro corazón cuando nuestra ambición no nos deja sosegarnos, cuando enfocamos nuestras vidas como una competición de poder frente los otros, o cuando para estar bien necesitamos que alguien esté mal. Y no hay paz en nuestro corazón cuando no sabemos vivir solos con nosotros mismos y andamos siempre necesitados de que otras personas nos saquen de la soledad o de otras situaciones que vivimos negativamente. Porque nuestro corazón únicamente podrá acoger la paz cuando hayamos decidido vivir nuestras vidas desde ser nosotros mismos, de forma auténtica, sin miedos neuróticos, sin dependencias neuróticas, centrados en lo que somos y sintiéndonos a gusto con nosotros mismos.
Mi experiencia personal es que no supe reaccionar de forma adulta (y, por tanto, serena y consciente a la vez) frente a la muerte de mi padre porque en mi juventud no tenía suficiente paz en mi corazón. Y hablo de una paz que nada tiene que ver con la resignación ni con el auto consuelo filosófico o religioso.
Yo estoy a punto de entrar en la fase decisiva de mi vida, es decir en lo que podríamos llamar el último tercio de mi vida, y soy consciente de que lo más probable es que tarde o temprano me toque pasar por alguna dolencia crónica, grave, o quizás aguda; y naturalmente, sé que el final de mi vida está más cerca que hace 20 años por decir algo. Si viviera estas circunstancias sin bienestar interior suficiente, seguro que lo iba a pasar mal de verdad y quizás me desesperaría. Sin embargo, estoy trabajando emocionalmente para vivir mejor mi vida y sé que eso va a hacer que pueda vivir mejor, cuando lleguen, las enfermedades y la muerte (ésta última, sobre todo, si se produce de forma que sea consciente de ella).
Hace muchos años (tantos que todavía no me había iniciado en el mundo de las terapias) que digo, en plan de broma, lo siguiente: “Yo quiero morirme en perfecto estado de salud porque me parece una vulgaridad morirse hecho polvo”. En realidad, comencé refiriéndome solamente a la salud física, pero hace ya tiempo que incluí en el dicho la salud emocional.
Para mí, pues, si quieres preparar una correcta actitud ante la enfermedad y para el final de la vida (lo que llamamos muerte) te tienes que preparar (y dedicar) correctamente para vivir la vida actual. Ya sé que habrá muchas personas que hoy por hoy no pueden llega a comprender (sentir, prefiero decir) profundamente esto que estoy escribiendo, porque, a mi entender, no tienen por ahora una buena conexión interior consigo mismas, pero puede que algunos de los lectores del blog puedan sentir lo mismo que yo. Sé que amiga pasará unos momentos muy amargos durante este fin de semana, pero también sé, porque creo conocerla bien, que está preparada para no perder la conexión con su propio interior y que en su corazón ha ido atesorando en los últimos tiempos los frutos de su autenticidad, de su valor como persona, de su respeto hacia sí misma y hacia los demás, de la aplicación práctica de su inteligencia emocional, y que con esos frutos en su corazón va a poder hacer frente a la muerte de su madre desde su amor de hija lleno de ternura y con suficiente paz en su corazón.
A mi entender, ha sido y es nuestra propia ignorancia como humanos la que ha hecho que centremos mucho más nuestra atención en lo que denominamos muerte que en lo que conocemos como vida, sin darnos cuenta de que vida y muerte no existen por separado, sino que es una distinción que hemos hecho mentalmente y, en consecuencia, emocionalmente. Hay todo un mundo de tradiciones culturales sobre la muerte que pesan como una losa sobre nuestras cabezas y sobre nuestros corazones, pero lo cierto es, a mi juicio, que podemos vivir la vida de otra manera a como nos la han enseñado y que podemos vivir la muerte de otra manera a como nos la han enseñado. Por eso es aquí y ahora, en este mismo instante, que podemos decidir ESTAR BIEN, o sea, conseguir que haya paz en nuestro corazón, y de esa manera vivir adecuadamente la vida y la muerte, o la muerte y la vida, como queramos llamar a este binomio que es una sola realidad.
A mí me ayudan mucho estas reflexiones que hago en el blog. Espero que a algunos (o a todos) los lectores también os ayuden.
sábado, 13 de febrero de 2010
MÁS SOBRE EL YO BIEN Y TU BIEN
Andrea me mandó un correo y, entre otras cosas, me dijo esto, que tiene que ver con el tema que he comentado hoy:
Lo que sí que me ha gustado un montón es el "jo bé , tu bé" . Ya había salido en otras ocasiones pero esta vez me ha quedado más claro de cómo funciona. Yo me relaciono contigo buscando estar bien yo y que tú estés bien también. Y en cuanto a que hay que tener en cuenta las relaciones de los demás para contigo..........pues eso....no entrar en su juego si tú no quieres (que no ganes tú, que no pierda él....) Muy bien Chesus ! Guai (como dicen ahora algunos jóvenes!)
Y efectivamente es así.....son "los otros" los que nos ponen a prueba y nos permiten aprender y madurar como personas ( y me atrevería a decir que sobre todo son nuestros propios hijos los que lo hacen mejor en este sentido).
Lo que sí que me ha gustado un montón es el "jo bé , tu bé" . Ya había salido en otras ocasiones pero esta vez me ha quedado más claro de cómo funciona. Yo me relaciono contigo buscando estar bien yo y que tú estés bien también. Y en cuanto a que hay que tener en cuenta las relaciones de los demás para contigo..........pues eso....no entrar en su juego si tú no quieres (que no ganes tú, que no pierda él....) Muy bien Chesus ! Guai (como dicen ahora algunos jóvenes!)
Y efectivamente es así.....son "los otros" los que nos ponen a prueba y nos permiten aprender y madurar como personas ( y me atrevería a decir que sobre todo son nuestros propios hijos los que lo hacen mejor en este sentido).
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