martes, 13 de julio de 2010

EL MUNDO ES COMO ES

Por mi experiencia personal, una de las cosas que más nos cuesta aceptar es cómo son las personas e incluso las cosas en nuestro entorno. Los condicionamientos que tenemos, previos a las experiencias concretas, son tan poderosos que nuestras mentes suelen ver más lo que pensamos de ellas que lo que son en realidad. Lo que suele pasar en nuestro cerebro, según los neurobiólogos, es que lo que hacemos es interpretar la realidad de acuerdo con nuestras experiencias previas, más que verla o vivirla como tal. Por eso transcribiré una entrevista a Mario Alonso Puig que apareció en “La contra” de la Vanguardia y que me parece muy ilustrativa al respecto, y posteriormente seguiré transcribiendo algún material más que he encontrado en internet sobre este asunto. Sin embargo, quería hacer una pequeña reflexión de mi cosecha.

Mi experiencia personal - vuelvo a insistir - es que, cuando nos relacionamos con otra persona, lo primero que hacemos (aunque de forma inconsciente) es tener presente la información que sobre ella tenemos en nuestra memoria. Si la persona nos cae bien, por ejemplo, esa conexión con los datos archivados que tenemos en nuestro cerebro nos preparará para celebrar el encuentro y, naturalmente, abrirá nuestro corazón al recién llegado. Pero, si los datos son negativos, pasará todo lo contrario: nuestro corazón no se abrirá y nuestra mente tampoco a todo lo que no sea repetirse constantemente que aquella persona no nos gusta o nos parece peligrosa o poco recomendable. Y, sin embargo, la realidad –en los dos casos- es que esa persona es como es y que su “realidad” ni se define ni se agota en absoluto con la experiencia que de ella tenemos nosotros y mucho menos con la “realidad resumida e imaginada” que hallamos de ella en nuestra memoria.

Si fuésemos capaces de tener presente la circunstancia de que no vemos la realidad sino es a través de la “idea que nos hemos hecho de ella”, podríamos estar abiertos a las personas y a las cosas de forma mucho más creativa y eso nos permitiría experimentar la vida de forma mucho más enriquecedora y satisfactoria. Y el caso es que, a mi juicio, ese cambio es posible puesto que se trata de un cambio emocional, de un cambio de actitud hacia la vida y hacia el mundo, es decir, un cambio personal, de uno mismo. No se trata de cambiar el mundo para que se adapte a nuestras necesidades, sino de cambiar nosotros para que nos quepa el mundo en nuestro corazón sin esfuerzo y eso nos permita tener paz y ser felices.

El mundo es como es, decía Vicenç Ferrer –el ex jesuita que trabajó más de 40 años para los pobres de la India- en una entrevista que le hicieron en TV3 pocos meses antes de morir. Y añadía que lo que hay que hacer es aceptarlo y actuar en consecuencia para intentar mejorar las condiciones de la gente concreta que nos rodea. Sin embargo, a mi entender, a esa proclamación le faltaba algo. Y es que hemos de ser conscientes de que, en general, no podemos actuar benefactoramente hacia los otros si antes no hemos tomado la decisión de estar bien emocionalmente nosotros mismos. Es la base. Podremos ocuparnos adecuadamente de los demás solamente si nosotros nos ocupamos adecuadamente de nosotros mismos con carácter previo y eso incluye darse cuenta de que vivimos la realidad más a menudo desde lo que hemos aprendido, desde los patrones previos que tenemos en nuestra memoria, que en relación con ella directamente y con el mundo tal como es.

Y a continuación transcribo la entrevista tal como apareció publicada:

VER LO QUE HAY Y ACEPTARLO
MARIO ALONSO PUIG. Cirujano general y del aparato digestivo en el Hospital de Madrid

Hasta ahora lo decían los iluminados, los meditadores y los sabios; ahora también lo dice la ciencia: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo.

“Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando”. Hay que entrenar esa mente.

-Más de 25 años ejerciendo de cirujano. ¿Conclusión?

-Puedo atestiguar que una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma puede ir mucho más allá de lo que cabría esperar por su trayectoria.

-¿Psiconeuroinmunobiología?

-Sí, es la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mentalidad y la fisiología del ser humano. Una conexión que desafía el paradigma tradicional. El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos.

-¿De qué se trata?

-Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. El distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en la constelación hormonal.

-¿Qué tipo de cambios?

-Tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Y afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas.

-¿Tenemos recursos para combatir al enemigo interior, o eso es cosa de sabios?

-Un valioso recurso contra la preocupación es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro. Favorece la secreción de hormonas como la serotonina y la endorfina y mejora la sintonía de ritmos cerebrales entre los dos hemisferios.

-¿Cambiar la mente a través del cuerpo?

-Sí. Hay que sacar el foco de atención de esos pensamientos que nos están alterando, provocando desánimo, ira o preocupación, y que hacen que nuestras decisiones partan desde un punto de vista inadecuado. Es más inteligente, no más razonable, llevar el foco de atención a la respiración, que tiene la capacidad de serenar nuestro estado mental.

-¿Dice que no hay que ser razonable?

-Siempre encontraremos razones para justificar nuestro mal humor, estrés o tristeza, y esa es una línea determinada de pensamiento. Pero cuando nos basamos en cómo queremos vivir, por ejemplo sin tristeza, aparece otra línea. Son más importantes el qué y el porqué que el cómo. Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando.

-Exagera.

-Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretación de la realidad.

-Más recursos…

-La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con trastornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades.

-¿Podemos cambiar nuestro cerebro con buenas palabras?

-Santiago Ramon y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906, dijo una frase tremendamente potente que en su momento pensamos que era metafórica. Ahora sabemos que es literal: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.

-¿Seguro que no exagera?

-No. Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos.

-¿Hablamos de filosofía o de ciencia?

-Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harward han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.

-¿Cuál es el efecto de las palabras no dichas?

-Solemos confundir nuestros puntos de vista con la verdad, y eso se transmite: la percepción va más allá de la razón. Según estudios de Albert Merhabian, de la Universidad de California (UCLA), el 93% del impacto de una comunicación va por debajo de la conciencia.

-¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?

-El miedo nos impide salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona.

-La mayor parte de los actos de nuestra vida se rigen por el inconsciente.

-Reaccionamos según unos automatismos que hemos ido incorporando. Pensamos que la espontaneidad es un valor; pero para que haya espontaneidad primero ha de haber preparación, sino sólo hay automatismos. Cada vez estoy más convencido del poder que tiene el entrenamiento de la mente.

-Deme alguna pista.

-Cambie hábitos de pensamiento y entrene su integridad honrando su propia palabra. Cuando decimos “voy a hacer esto” y no lo hacemos alteramos físicamente nuestro cerebro. El mayor potencial es la conciencia.

-Ver lo que hay y aceptarlo.

-Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar. Lo que se resiste persiste. La aceptación es el núcleo de la transformación.

jueves, 8 de julio de 2010

LA SÉPTIMA OLA ES EL AMOR

Transcribo una canción de Sting con su letra respectiva en inglés y en español. Me ha parecido una buena idea compartirla con todos los lectores del Blog.

Saludos.

INGLÉS:

In the empire of the senses
You’re the queen of all you survey
All the cities all the nations
Everything that falls your way, I say:
There is a deeper world than this
That you don’t understand
There is a deeper world than this
Tugging at your hand
Every ripple on the ocean
Every leaf on every tree
Every sand dune in the desert
Every power we never see
There is a deeper wave than this
Swelling in the world
There is a deeper wave than this
Listen to me girl
Feel it rising in the cities
Feel it sweeping over land
Over borders, over frontiers
Nothing will its power withstand, I say:
There is no deeper wave than this
Rising in the world
There is no deeper wave than this
Listen to me girl
All the bloodshed, all the anger
All the weapons, all the greed
All the armies, all the missiles
All the symbols of our fear
There is a deeper wave than this
Rising in the world
There is a deeper wave than this
Listen to me girl
At the still point of destruction
At the centre of the fury
All the angels, all the devils
All around us can’t you see
There is a deeper wave than this
Rising in the land
There is a deeper wave than this
Nothing will withstand
I say love is the seventh wave.

ESPAÑOL:

En el imperio de los sentidos
eres la reina de todo lo que puedes ves.
Todas las ciudades, todas las naciones,
todo aquello que se cruza en tu camino; yo digo:
Hay un mundo más profundo que este,
que no comprendes.
Hay un mundo más profundo que este,
al alcance de tu mano.
Cada ola en el océano,
cada hoja de cada árbol,
cada duna de arena en el desierto,
cada fuerza que nunca vemos.
Hay una onda más profunda que esta,
hinchándose en el mundo.
Hay una onda más profunda que esta,
escúchame mujer.
Siente como crece en las ciudades.
Siente cómo va barriendo la tierra.
Sobre límites, sobre fronteras.
Nada va a resistir su poder; yo digo:
No hay onda más profunda que esta,
alzándose en el mundo.
No hay onda más profunda que esta,
escúchame mujer.
Todo el derramamiento de sangre, toda la ira,
todas las armas, toda la codicia,
todos los ejércitos, todos los misiles,
todos los símbolos de nuestro miedo.
Hay una onda más profunda que esta,
Alzándose en el mundo.
Hay una onda más profunda que esta,
escúchame mujer.
En el punto exacto de la destrucción,
en el centro de la furia,
Todos los ángeles, todos los demonios
a nuestro alrededor ¿no lo ves?
Hay una onda más profunda que esta,
Alzándose en la tierra.
Hay una onda más profunda que esta,
Nada va a resistir.
Yo digo que el amor es la séptima ola.

“Love Is The Seventh Wave” de STING

martes, 6 de julio de 2010

ES NECESARIO UN CAMBIO

Hoy voy a referirme al asunto del “cambio global” que requiere, a juicio de muchos como yo, la situación actual de nuestra civilización. Para ello, he transcrito abajo unos fragmentos de la presentación del “Poyecto Venus” que me ha llegado a través de Internet. Los datos completos se pueden encontrar en la dirección web que indico al final del texto.

A mi modo de ver, comenzar una nueva vida subjetivamente, personalmente, es el mejor camino para ir hacia ese “cambio global”, pero no está de más leer algo de algunos proyectos colectivos avanzados que ya existen.

Una de las cosas básicas que, a mi entender, ha caracterizado a las sociedades humanas a lo largo de la historia y que nos ha llevado a la situación actual es la falta de respeto hacia la naturaleza en general, y hacia el ser humano en particular. Sobre todo por parte de las castas dominantes en cada momento histórico. Incluso hoy en que parece, al menos en nuestro entorno socio-económico privilegiado, que hemos alcanzado cotas muy altas en las libertades individuales y en el respeto a los derechos humanos, me parece que nos hallamos sometidos a un sistema económico-social-político en donde lo que manda es el interés, el beneficio, el consumismo y la producción sin fin de bienes y servicios. Se trata, por tanto, de una sociedad materialista en el sentido de que lo que promueve es el “bienestar material” aunque, a veces, vaya disfrazado de “felicidad” entendida en términos más amplios (emocional, afectiva, psicológica, espiritual, etc.). Pero a la hora de la verdad, los que gobiernan el mundo (y las finanzas, podríamos añadir porque está de actualidad) pegan los “cerrojazos” cuando y donde les conviene, quitan aquí y ponen allá, contaminan en un sitio y financian actividades de saneamiento en otras, provocan conflictos bélicos en un punto del planeta y dicen dedicarse a conseguir la paz en otros, etc. Pero nadie sabe de verdad de qué va esto. Por consiguiente, falla lo principal: el respeto al medio natural y a la humanidad entera por parte de quien tiene el poder, que lo ejerce por medio de un sistema formalmente democrático pero que deja mucho que desear.

Hoy quiero insistir en estos temas para que se sepa que lo que yo escribo aquí sobre la Felicidad no es un modo de aislarme de mi entorno ni de los problemas que tenemos los humanos en general. Hacía tiempo que quería escribir sobre estos temas y eso es lo que he podido hacer hoy gracias a la lectura de el “Proyecto Venus” (que, por otra parte, no conocía ni conozco en profundidad, por lo que no sé si, bien analizado, lo suscribiría del todo o no).

El respeto a los otros comienza por el respeto a uno mismo. Si uno no sabe respetarse a sí mismo y no se hace respetar, los otros no van a respetarnos; al contrario, se sentirán llamados (inconscientemente) a sumarse a la falta de respeto que nos prodigamos a nosotros mismos. Por tanto, para mí, ese es el pilar básico de las personas bien situadas emocionalmente y, a la larga, el de una futura y eventual sociedad emocionalmente “crecida”, como se suele decir últimamente. Si yo me respeto a mí mismo, no permitiré que me agredan ni que me persigan ni que quieran someterme, pero aprenderé, al mismo tiempo, a respetar que los demás sean como son y no los agrediré, ni los perseguiré ni se me ocurrirá intentar someterlos a mis intereses o a mis caprichos. Por eso, una sociedad compuesta de individuos de estas características tendría que ser muy diferente por fuerza. A mi entender, una sociedad de ese tipo no será nunca una sociedad materialista, movida principalmente por intereses de lucro, beneficio, competencia comercial, intereses económicos, políticos o por el puro poder y la dominación.

Transcribo ahora el texto que he anunciado al principio (los títulos intermedios son míos):


El Proyecto Venus es una organización que propone un plan factible de acción para un cambio social, uno que funcione para llegar a una civilización global pacífica y sustentable. Delinea una alternativa hacia la cual esforzarnos donde los derechos humanos ya no son declaraciones en papel sino una forma de vida.

El Proyecto trabaja en un Centro de Investigación de 8 hectáreas localizado en Venus, Florida.

NUESTROS VALORES. QUÉ SIGNFICA SER HUMANO
Cuando vemos la enorme cantidad de desafíos que la sociedad afronta en la actualidad, tranquilamente podemos concluir que hace mucho tiempo nos ha llegado la hora de reexaminar nuestros valores, de reflexionar y evaluar algunas de las cuestiones y razonamientos subyacentes que tenemos como sociedad. Este análisis de nosotros mismos pone en duda la mera naturaleza de lo que significa ser humano, qué significa ser un miembro de una "civilización", y que decisiones podemos tomar hoy para asegurar un futuro próspero para toda la gente del mundo.

HÁBITOS Y PENSAMIENTOS NO OBSOLETOS
Actualmente no disponemos de muchas alternativas. Las respuestas del pasado ya no son relevantes. Podemos continuar como hasta ahora con nuestras costumbres sociales y hábitos de pensamiento obsoletos, con los cuales nuestro futuro se ve amenazado, o podemos aplicar un conjunto de valores más apropiados que sean relevantes para una sociedad emergente.

MODIFICAR NUESTRO COMPORTAMIENTO. TENDER A LO POSITIVO.
La experiencia nos dice que el comportamiento humano puede ser modificado, tanto hacia actividad constructiva como destructiva. De esto se trata el Proyecto Venus: dirigir nuestra tecnología y recursos hacia lo positivo, para el máximo beneficio de la gente y del planeta, para encontrar nuevas formas de vida y pensamiento que enfaticen y celebren el vasto potencial del espíritu humano. Tenemos las herramientas a nuestro alcance para diseñar (y construir) un futuro digno del potencial humano. El Proyecto Venus presenta una audaz nueva dirección para la humanidad que implica nada menos que el rediseño total de nuestra cultura. Lo que hay a continuación no es un intento de predecir lo que será hecho, sino lo que podría ser hecho. La responsabilidad de nuestro futuro está en nuestras manos, y depende de las decisiones que tomemos hoy. El mayor recurso que disponemos hoy es nuestro propio ingenio.

Mientras que reformistas sociales y sus equipos de especialistas formulan estrategias que tratan sólo síntomas superficiales, sin tener en cuenta la cuestión social básica, el Proyecto Venus aborda estos problemas de manera algo diferente. Sentimos que no podemos eliminar estos problemas dentro del marco del las instituciones políticas y económicas. Tomaría muchos años lograr cualquier cambio significativo. Seguramente serían tan diluidos y comprimidos que los cambios serían indistinguibles.

UNA VISIÓN ALTERNATIVA
El Proyecto Venus aboga por una visión alternativa de una nueva civilización mundial sustentable a diferencia de cualquier otro sistema social que ha intentado anteriormente. Aunque esta descripción está altamente resumida, está basada en años de estudio e investigación experimental de muchas personas de muchas disciplinas científicas.

UN FUTURO POSITIVO
El Proyecto Venus propone un nuevo enfoque, uno que está dedicado a preocupaciones humanas y ambientales. Es una visión posible de un futuro brillante y mejor, uno que es apropiado para el tiempo en que vivimos, y también tanto práctico como factible para lograr un futuro positivo para toda la gente del mundo.

El Proyecto Venus clama por un enfoque directo para el rediseño de las culturas, en el cual los viejos problemas como la guerra, pobreza, hambre, deuda, degradación ambiental e innecesario sufrimiento humano son vistos no sólo como evitables, sino como completamente inaceptables.

Una de las premisas básicas del Proyecto Venus es que trabajemos para tener todos los recursos de la Tierra como herencia común de toda la gente. Cualquier cosa menor simplemente resultará en una continuación del mismo catálogo de problemas inherentes en el sistema del presente.

CAMBIO DE VALORES
A través de la historia, el cambio ha sido lento. Grupos sucesivos de líderes incompetentes han reemplazado aquellos que los precedían, pero los problemas sociales y económicos subyacentes han permanecido debido a que los sistemas básicos de valores no han sido alterados. Los problemas que enfrentamos en la actualidad no pueden ser resueltos política ni financieramente dado que son ampliamente técnicos por naturaleza. Incluso quizás no haya el dinero suficiente para pagar los cambios requeridos, pero lo que sí hay son suficientes recursos. Es por esto que El Proyecto Venus aboga por la transición de una sociedad basada en moneda a la realización eventual de una economía global basada en recursos.

UN SALTO CUALITATIVO EN EL PENSAMIENTO Y EN LA ACCIÓN
Nos damos cuenta que para hacer la transición de nuestra cultura presente, la cual es políticamente incompetente, orientada por la escasez y obsoleta, a esta sociedad nueva y más humana, requerirá un salto cualitativo tanto en el pensamiento como en la acción.

DESAPRENDER PAUTAS DE CONDUCTA NEGATIVAS
El comportamiento humano esta sujeto a las mismas leyes de cualquier otro fenómeno natural. Nuestras costumbres, comportamientos y valores son productos derivados de nuestra cultura. Nadie nace con codicia, prejuicio, intolerancia, patriotismo y odio; estos son todas pautas de comportamiento aprendidas. Si el ambiente permanece inalterado, comportamientos similares volverán a aparecer.

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domingo, 27 de junio de 2010

TENEMOS DERECHO A SER FELICES

Todos hemos oído o dicho alguna vez esta frase. Expresa un derecho que se recoge, incluso, en la Constitución política de algún país. Para mí, es la equivalencia exacta de lo que en términos de terapia emocional se dice “darse permiso para ser feliz”. No se trata solamente, pues, de reivindicar frente a los otros y frente a todo nuestro derecho a ser feliz, sino de algo un poco más sutil: concedernos a nosotros mismos ese derecho, darnos a nosotros mismos el permiso para ser felices.

Contra lo que parece obvio, nadie ve la realidad tal como es, sino que la vemos a través de los contenidos mentales que hemos acumulado por causa de los aprendizajes previos, personales, familiares, sociales, culturales, etc. Nuestra mirada sobre el mundo está condicionada por miles de esos contenidos y uno de esos aprendizajes tiene que ver con determinadas prohibiciones comúnmente aceptadas en nuestro entorno. Una de ellas, que está muy extendida, es la de quererse a uno mismo, la de tenerse en cuenta a uno mismo, primeramente, antes de actuar o de decidir alguna cosa. Nuestra tradición judeocristiana (no sé si data de antes) nos ha enseñado y nos enseña (nos insiste) en que hemos de ser generosos por encima de todo, en que hemos de ceder antes los demás, en que no está bien pensar en uno mismo porque eso es egoísmo. Por esa sola razón ya estamos en la línea de no darnos permiso para ser felices, aunque parezca mentira.

La felicidad a la que podemos aspirar razonablemente, según nuestra sociedad y nuestra cultura, tiene que ver normalmente con aceptar nuestro papel social y las funciones que para ellas son “naturales” y adecuadas para cada individuo. De ahí proviene la división por sexos, por clases, por categorías, etc. Y en ese contexto, igual que de una mujer se espera, por lo general, que llegue a ser madre algún día, también se espera que ponga a sus hijos por delante de sus aspiraciones, y no sólo cuando son muy pequeños sino durante toda la vida. Eso, llevado al extremo, impediría, obviamente, que esa mujer concreta pudiera darse el permiso para ser feliz, excepto en el caso en que ese “ser feliz” suyo coincidiera mayormente con el “ser feliz” de sus hijos, en cuyo caso su entorno la aplaudiría y la pondría como ejemplo de mujer y de madre ejemplares.

Si embargo, hasta donde yo he podido experimentar, puede llegar un momento en la vida de cada persona en que sea necesario tenerse en cuenta a uno mismo y darse permiso para ser feliz. Ese momento, generalmente conocido como “crisis personal”, es la gran oportunidad de dejar de ir en la dirección del conformismo, del aguantar, del sacrificarse, del “no querer sentir”, para ir en la dirección que yo entiendo más adecuada: hacia el bienestar emocional. La crisis en cuestión puede plantear en primer término una separación de la pareja, un cambio de trabajo, un más justo reparto de responsabilidades dentro de la pareja, pero, sea como sea, es la oportunidad para optar por la autonomía personal, por la autoestima, por el darse los permisos necesarios, por la no dependencia emocional, por la libertad, por el sentirse bien.

Darse permiso a uno mismo significa quererse, tener en cuenta que a este mundo no hemos venido a padecer, que tenemos derecho a ser felices siendo como somos, cada uno a su manera, y a que los otros nos respeten como somos. Claro está que el miedo (el que la propia familia sin saberlo, la sociedad y la cultura han infiltrado en nuestras venas) nos hará dudar, sobre todo en la forma más depurada que es: ¿No serán actitudes egoístas, las mías? ¿Por qué he de hacer daño a mi pareja? ¿Qué pasará con mis hijos? Estos mensajes, bien grabados en nuestras mentes, nos llegarán permanentemente a partir del momento en que tengamos que decidir algo para nosotros, para nuestro bienestar. Y son mensajes duros de soportar. Sin embargo, progresar hacia el bienestar personal requiere soportarlos y cambiarlos por mensajes del tipo: sólo puedo llegar a estar bien si hago lo que quiero hacer, si actúo de acuerdo con lo que soy, sin menoscabar los derechos de los demás.

Otro mensaje que nos confunde es el de que hay que sacrificarse por los demás. Yo no opino así. Con los demás adultos, hay que negociar, hay que intentar llegar a acuerdos. A los demás adultos, hay que respetarlos como son, no podemos perseguirlos. La idea de sacrificio es parecida a la idea de la inmolación de las viudas, en el hinduismo, cuando muere el marido. Y tiene, de base, una creencia muy hebrea del sacrificio personal para que Dios esté contento (el caso de Abraham en la Biblia y el caso de Jesús de Nazaret en el Gólgota). Parece como si no fuera posible “estar bien” y “ser feliz” si no nos sacrificamos por Dios, por la familia, por la pareja, por los hijos o incluso por una gran idea u objetivo colectivo (el comunismo, por ejemplo). Pues no, yo me rebelo contra todas esas creencias. Y hablo de creencias, no de certezas.

En mi entorno, hay bastantes personas trabajando a diario por alcanzar un mayor nivel de satisfacción en la relación consigo mismas y con los demás. Ese es el camino, para mí. Requiere estar muy atento a los que se mueve por dentro de uno mismo y también a los “juegos psicológicos” que se nos ofrecen desde el exterior. Pero también un compromiso de respetar a los demás, y de no permitir que los demás no nos respeten. Y, por encima de todo, está ese “darse permiso” para sentir como uno siente, para ser como uno es, para estar lo mejor posible emocionalmente, para ser feliz. Este es nuestro principal derecho y mi opinión es que no debemos renunciar a él ni por todo el otro del mundo.

jueves, 24 de junio de 2010

DE UNA AMIGA: MÁS SOBRE EL AMOR

El comentario de mi amiga:

Si Chesús. Creo que el amor es uno de los sentimientos que más dolor nos produce y sin embargo que perseguimos con mayor ansiedad. El amor es una consecuencia de la evolución y fundamentalmente una palabra equívoca, como casi todas las palabras, porque dime qué palabra conoces que exprese exactamente aquello a lo que se refiere. Yo parto de la base de que vivo en una tremenda confusión y alucinación y que me creo y adopto las palabras que otros han usado para referirse a ciertas cosas. Por eso cada vez más trato de descubrir qué es lo que realmente significa la palabra.

Enamorarse no es nada más que el apareamiento propio de los animales, el cortejo que se realiza antes de la procreación y punto. Pero nosotros socialmente lo hemos convertido en algo más importante y hemos perdido su cualidad natural. Efectivamente es pura química, porque nosotros somos pura química.

Luego se da el acompañamiento, uno necesita tener a alguien a su lado para que le ayude en esa fantasía que es criar a unos hijos y perpetuarse para sentirse alguien, para expresarse, para satisfacer ciertas necesidades porque la condición natural del ser humano es vivir en compañía. Y uno además necesita hacer algo para que su vida tenga sentido y entonces puede plantearse hacer algo por los demás, que en definitiva no es más que hacerlo de nuevo por uno mismo. Pero que significa amar realmente?..... nada, absolutamente nada.

Todos actuamos por interés aunque no queramos reconocerlo, hacemos las cosas para que redunden en nuestro propio beneficio. Así de crudo es, así que, SI, creo en el amor, en el amor hacia uno mismo.

Esta es mi reflexión. Pero gracias por proporcionarme unos minutos de reflexión sobre un tema tan controvertido.

Un abrazo

Una amiga


Mi comentario:

Yo, en cambio, creo que el amor es la fuerza primordial del Universo, que se halla subyacente en cualquier realidad de la naturaleza. Mejor dicho, creo que estamos hechos fundamentalmente de amor, es decir, construidos con un “material” básico que es único para todo lo que existe. A mi entender, ese “material” ha de ser una especie de energía sutil cuya naturaleza no somos capaces de comprender. Sin embargo, lo cierto es que, desde esta energía que somos esencialmente, nos movemos irremediablemente hacia la fusión, hacia el encuentro, hacia el hermanamiento con los otros, incluido, claro está, a través del enamoramiento y del encuentro sexual cuando corresponda. Otra cosa es que no se sabe por qué razón nuestro crecimiento como personas suele estar lleno de dificultades que empañan el camino que va hacia esa meta, dificultades de carácter netamente emocional. Por eso, de lo que se trata es de “ir soltando” todo lo que nos rodea y que nos sobra, para llegar a mostrarnos como somos realmente, desnudos y auténticos. Es todo lo contrario de lo que solemos hacer, o sea, “ir acumulando”, que a nada conduce sino es a más insatisfacción y a una mayor confusión.

Mi amiga cree en el amor hacia uno mismo, y yo también. Mi matiz es que ese amor, si es auténtico amor y no egotismo, ha de revertir hacia afuera, hacia los demás, forzosamente y automàticamente, porque se trata –una vez más- de una nueva manifestación de lo que somos: amor fundamental, amor básico, energía amorosa. Todo lo contrario de un encerrarse en uno mismo.

Tengo que reconocer, sin embargo, que mis palabras pueden sonar a muy bonitas si uno no ha empezado a encontrar dentro de sí mismo cuáles son las barreras emocionales que le impiden conectar profundamente con lo que es y con lo que necesita.

Este blog va de eso, amiga mía, de cómo, prestando total atención a lo que nos ocurre interiormente, podemos ir descubriendo en qué consisten nuestras dificultades emocionales para, a la vez o acto seguido, dedicarse a ir eliminando todo aquello que nos priva del bienestar al que tenemos todo el derecho del mundo.

Gracias también por tu contribución.

Besos.

Chesús.

sábado, 19 de junio de 2010

LA QUÍMICA DEL AMOR

Hoy he seleccionado un texto que habla del enamoramiento desde un punto de vista científico, fenómeno al que denomina igualmente amor. Y yo me pregunto: ¿Se trata de algo parecido? ¿Se trata de lo mismo? ¿Es el enamoramiento una clase amor?

“Estudios científicos demuestran que el enamoramiento se genera en el cerebro debido a la acción de hormonas que anulan el pensamiento crítico y crean la irremediable necesidad de ver a la persona amada.

«Los sentimientos no se generan en el corazón, sino en el cerebro». Así de tajantes se muestran los expertos en neurociencia al explicar la esencia del amor, un sentimiento universal, profundo y contradictorio al que cuesta tanto renunciar, como resistirse. En los últimos años, diversos estudios científicos han demostrado que el enamoramiento se produce debido a la acción de ciertas hormonas, como la serotonina o la dopamina, que anulan el pensamiento crítico y crean la irremediable necesidad de volver a ver a la persona amada, o como la oxitocina, que se libera durante el orgasmo y se vincula con las relaciones duraderas y la monogamia.

«Los sentimientos no se generan en el corazón, sino en el cerebro», explica Javier Cudeiro, catedrático de Fisiología Humana y director del grupo de Neurociencia y Control Motor de la Universidade da Coruña (Neurocom), quien asegura que el amor actúa como una droga, puesto que «produce el mismo efecto sobre el organismo» y que, además, es ciego, porque «suprime la actividad en áreas del cerebro que controlan el pensamiento crítico». «Varios estudios científicos han demostrado que, cuando los seres humanos se enamoran, la parte frontal del cerebro, que es donde se generan los juicios de valor, reduce su capacidad de evaluar el carácter y la personalidad del ser amado», señala Cudeiro, y va un paso más allá: «Tanto el llamado amor romántico como el amor maternal producen el mismo efecto sobre esa región cerebral, suprimiendo la actividad neuronal asociada a la evaluación crítica del prójimo y a las emociones negativas», destaca el experto.

Pero ¿qué otro tipo de alteraciones produce el amor sobre la actividad cerebral de los seres humanos? Según un reciente estudio realizado por el University College de Londres, el amor puede provocar reacciones químicas similares a las que generan las drogas e, incluso, la velocidad. «A quienes comparan el amor con una droga no les falta razón, porque cuando se está en compañía de la persona amada se segrega una hormona, la dopamina, que produce sentimientos de satisfacción y de placer y que, por lo tanto, es la causante del enamoramiento y de que se sienta la irremediable necesidad de volver a ver a ese hombre o a esa mujer», apunta el catedrático de Fisiología Humana de la Universidade da Coruña.

Para los investigadores del University College de Londres es, no obstante, algo más simple. «Una adicción química entre dos seres humanos», señalan los expertos londinenses, quienes aseguran que, cuando existe enamoramiento de verdad se dan, en mayor o menor medida, una serie de circunstancias comunes, como la atracción física, el apetito sexual o el afecto y el apego duradero. A este último aspecto contribuyen, sobremanera, dos hormonas, la oxitocina y la vasopresina, que se liberan para que el útero se contraiga durante el parto y que, también, intervienen en la química del enamoramiento.

«Varios estudios han demostrado que personas que llevan más tiempo enamoradas poseen también zonas ricas en oxitocina y vasopresina, dos hormonas que se liberan, generalmente, durante el orgasmo y que se vinculan con las relaciones a largo plazo y con la monogamia», explica Javier Cudeiro” (Web: El mundo en positivo.com 18-06-2010)


Si fuera cierto lo que afirman los científicos, cuando las personas no están enamoradas o su enamoramiento data de hace tiempo, tendrían lo que podríamos llamar el síndrome de abstinencia, reacción común a muchas clases de drogas o, mejor dicho, a su supresión.

Puede que haya muchas clases de amor e incluso que todas ellas tengan una base química (oxitocina, dopamina, vasopresina, etc.), pero desde mi punto de vista, existe una especie de “amor básico” que todos necesitamos para poder sentir que estamos bien. Y este amor no necesariamente lleva a la supresión de “la actividad en áreas del cerebro que controlan el pensamiento crítico”. Este amor del que yo hablo reside en el corazón (naturalmente, en sentido figurado) y muchas veces lo descubrimos porque lo echamos en falta. Es el amor que surgió del amor incondicional de la madre y, más tarde comúnmente, del padre. Si nos trataron medianamente bien, si nos cuidaron, si nos protegieron, si nos mimaron, etc., cuando éramos muy pequeños, ese amor prendió en nuestro corazón y nos enseño el camino: queremos y necesitamos ser amados y poder amar a otras personas. Y eso está muy unido al sentimiento de autoestima porque cuanto más amor hayamos recibido en nuestra infancia, más capaces de amar y de ser amados podremos ser de adultos, y eso genera seguridad en uno mismo, es decir, autoestima.

Ahora bien, el enamoramiento, para mí, es otra cosa. Se trata, eso sí, de sentirse querido y de que uno quiere a otra persona, pero hay un factor de temporalidad importante. Lo que no dicen los científicos que hemos citado es que el enamoramiento es un sentimiento poco duradero y fugaz. Esos “chutazos” hormonales a los que se refieren tienden a disminuir con el paso del tiempo, igual que ocurre con cualquier substancia a la que llamamos droga y, por esa razón, hay que aumentar las dosis a menudo para poder volver experimentar sensaciones similares a las del principio. De aquí se deriva, por ejemplo, que haya personas adictas a los enamoramientos, porque el cambio de pareja regular les asegura ese nivel de experimentación de sensaciones de que hablamos.

A menudo ocurre que una persona se enamora de alguien que, incomprensiblemente, considerada objetivamente, no es del tipo de las que se enamoraría. E incluso puede que lo reconozca, aunque poco puede hacer por evitarlo porque se siente arrastrada irrefrenablemente hacia ella y, por tanto, hacia una relación que parece no haber escogido. En esos casos es cuando a mí me parece más clara que nunca la inadecuación del término amor para referirse al enamoramiento. Llamémosle pasión, si queremos, pero no amor, porque el amor, para mí, es algo más profundo, algo más estable, algo más creador, algo más diverso, algo más capaz de hacernos crecer como personas. En algunas ocasiones, el enamoramiento repentino e inesperado puede que no sea sino el síntoma de que nos falta el amor, el amor básico por uno mismo y, por tanto, el poder sentir que tenemos la atención de los otros, el entendimiento con los demás, el dar y recibir caricias positivas, la ternura, la comprensión, la complicidad, el compartir objetivos e ilusiones, etc.

El enamoramiento puede ser, simplemente, una huída más (como el propio consumo de drogas, la dedicación a trabajar sin descanso, los deportes de riesgo llevados al extremo, el juego desaforado en casinos y bingos, la ingestión compulsiva de alcohol, entre otras). En esos casos, huimos de nosotros mismos, en realidad. No sabemos qué nos pasa y no queremos sentir si somos desgraciados. La huida, por tanto, seria la manera de alejarnos de la amargura y del vació existencial.

Ahora bien, en mi opinión también existen enamoramientos que conducen al amor, que no son sino la fase previa para llegar a una etapa (más o menos duradera) en que se desarrollarán todas las cualidades del amor que he descrito anteriormente. El secreto está en saber qué nos está pasando y poder distinguir en qué clase de situación nos encontramos, porque está claro que, cuando estemos enamorados, tendremos que tomar decisiones, a veces importantes, para nosotros y para los que nos rodean.

domingo, 13 de junio de 2010

DANIELA Y EL AMOR

En esta entrada, transcribiré parte de unos mensajes de correo que nos enviamos Daniela (otra seguidora del Blog) y yo con motivo de la entrada de la semana pasada. Espero que os sirvan nuestras reflexiones.

DANIELA

Hoy he leído tu entrada en el Blog sobre lo que planteó María. Muy bien. Es interesante ver el hecho de que, aunque uno desee algo y lo tenga claro, si hay algún componente emocional que bloquee esa decisión, el objetivo positivo no llegará a nuestra vida. Pero creo que siendo muy sincero con uno mismo y teniendo claridad y sintiendo el interior de uno mismo, si tomamos decisiones correctas y en la línea adecuada, se pueden hacer los giros necesarios que nos permitan obtener aquello que deseamos.

Gracias nuevamente por dedicar tiempo a hacer estas reflexiones y aportaciones.

Hoy me he levantado –incluso antes de leer tu Blog- teniendo clara la decisión de aplicar a mi vida que quiero confiar en lo que soy y en que puedo atraer a mi vida todo lo que sea positivo y enriquecedor para mí. Sé lo importante que es tener confianza en una misma y en que se puede tener una vida plena y feliz si uno quiere y pone la energía necesaria.

El amor existe. Lo sé y lo vivo así. Por tanto, vivir en el amor hacia uno mismo, hacia los otros, hacia la vida, en las situaciones que aparecen y vivimos, y hacerlo desde la presencia interior en intimidad con uno mismo, creo que nos aportará buenas cosas.

CHESUS

Qué comentarios tan preciosos y tan acertados (a mi juicio) acabas de hacer. Cuando uno ama y puede extender la energía amorosa (el amor) hacia los demás, lo que obtiene a cambio es una mejora en su estado de ánimo, un bienestar anímico mayor.

Por lo que se refiere a la fijación de objetivos positivos, considero que es imprescindible que lo hagamos cada día y que no nos dejemos arrastrar por patrones negativos de conducta como la tristeza, el desánimo o incluso la pereza. Pero para poder llevar a cabo eso, necesitamos tener una gran motivación, pues así nos costará menos cualquier ejercicio o conducta. Y la motivación nos tiene que llegar de “la confianza en uno mismo y en que se puede tener una vida plena y feliz si uno quiere”, como tú misma afirmas.

DANIELA

Gracias por todo lo que me dices en tu respuesta, porque eso me anima a continuar mi camino confiando en lo que soy y, sobre todo, viviendo desde el amor que somos y que podemos ofrecer de tantas maneras.